Te escribo en esta mañana de viernescon la compañía de mis objetos cotidianos.Hoy aterrizaron en casa dos visitantes nuevasque inundaron de sorpresa mi rutina.Miré al techo buscando una respuestay me acordé del cielo ampurdanés y de tus ojospero sólo encontré una mancha amarilla en el techoy dos gotas inmensas con música de fondo.Coloqué algunos cubos y me quedé observandolas goteras resbalaban por mi rostroy sentí que el techo, en un acto solidario,se desmoronaba despacio, despacio.En medio de este viernes irrespirableuna llamada tuya bastará para sanarme.