Swann, Matilde Alba

 09 de junio de 2008

Ciudad de MujeresPrincipal
Safo
Sainz Borgo, Cristina
Salas, Ada
Sanabria, Pilar
Sánchez, Eloisa
Sánchez, Irene
Sánchez, Milagros
Sánchez, Dunia
Sand, George
Sant-Celoni, Encarna
Sanz, María
Sarasua, Blanca
Sastoque, Sonia
Saura, Aurora
Sexton, Anne
Smith, Stevie
Södergran, Edith
Soto, Carmelina
Soto, Elena
Soto, Teresa
Soundy, Yanira
Strepponi, Blanca
Storni, Alfonsina
Strucchi, Emilce
Suárez, Marián
Suero Pavón, Mª Carmen
Sumangalamata
Sute-jo, Den
Swann, Matilde Alba
Swi, Anna
Szymborska, Wislawa

 

 

 

A - B - C - D - EF - G - H - I   - J -  K - L  - M - N - O

P - Q - R - S - T - U - V - W - X  -  Y - Z

 

Matilde Kirilovsky nació en 1912 en Argentina y, bajo el seudónimo de Matilde Alba Swann, se la conoce como poeta.

Estudió Ciencias Jurídicas y Sociales en la Universidad Nacional de La Plata. Aunque ejerció la profesión con gran éxito, dedicó gran parte de su vida al periodismo y a la poesía, brillando por su lucha constante en la defensa de los derechos esenciales de su pueblo.

Su obra está compuesta por ocho libros de poemas: «Canción y grito» en 1955, «Salmo al retorno» en 1956, «Madera para mi mañana» en 1957, «Tránsito del infinito adentro» en 1959, «Coral y remolino» en 1960, «Grillo y cuna» en 1971, «Con un hijo bajo el brazo» en 1978 y «Crónica de mi misma» en 1980.

Entre los innumerables premios y distinciones que recibe, destacan los siguientes:  Premio «Santa Clara de Asís» 1991; Premio «Provincia de Buenos Aires» 1991; Premio de Poesía «Augusto Mario Delfino»; y Estatuilla «Stella Maris».

Como periodista, dirigió audiciones de literatura en la radio y fue colaboradora del Diario “El Día” de La Plata y de la “Página literaria” del Diario “La Capital” de Mar del Plata.

Falleció en La Plata el 13 de septiembre de 2000.

El mar - Mi pluma no es para el amo - Renacer

Lluvia - Déjate llorar

Déjate llorar

Déjate llorar.
Pon tus manos al fuego
y que se quemen.
Déjate castigar.
Mana
desde todas tus fuentes,
que se te vea el fondo,
que se palpen
las piedras de tu lecho.
Abre tus ramas
y descubre tu tronco,
y muestra cómo
te camina la savia,
y cómo te vas creciendo en ella
y te futurizas
en cada
pedacito de piel
que descascaras.
Vacíate alguna vez
de todo aquello que te canta,
de todo aquello que te grita,
y déjate estar
en puro estar.
Sublímate
y asciende por la onda
que te sustenta
y con la que atraviesas
en prestado movimiento
por tu propia vida,
y ciérnete
hasta que de ti no quede
nada,
más que vida.

Lluvia

Lluvia, hoy no te siento.
Hoy no eres nada
mas que agua vertical.
Apenas si te escucho
golpear el pavimento
y llamar con tu clave
sobre mi ventanal

Lluvia, hoy no eres nada
para mi desaliento
nocturno y abismal.

Cuando era niña hallaba
en tu cancion un cuento,
y ya en mi adolescencia
me diste un madrigal.
Ahora lluvia tengo
tanta tristeza adentro,
que no me dices nada
solo te oigo golpear.
 

 

Renacer
 

Si pudiera
atravesar el río de esta desmesurada
noche sin orillas.
Esta noche siquiera
si detiene el molino de mi angustia
su rueda.
Olvidarme que existo, y olvidarme que tiemblo,
y olvidarme que tengo
guardada una esperanza dormida en cada fibra.
esta noche de siglos y de anillos azules
girando mis pupilas.
Un sabor de desierto y una sed de espejismo.
Si pudiera evadirme de este encierro que sueño,
romper la pesadilla con estas manos mías
que no sé si son mías,
impregnadas de miedo.
Si pudiera zafarme de la red que me aprieta
y lanzarme al camino
dibujando mis alas, derramando mi piedra.
Si pudiera atravesar este río,
pura noche crecida
y alcanzar la frontera
donde el tiempo me olvide, donde el aire me borre,
renacer al asombro primitivo de luces,
al hallazgo de formas,
al deleite primero del sabor intuido,
a la plena y colmada perfección de la ausencia.
Total, nadificada, aprender,
nuevo arribo,
de la voz del silencio la primera palabra

 

 

Mi pluma no es para el amo.
 

Mi pluma no es para el amo.
Otros le canten endechas, otros le brinden halagos.
No le busco ni le temo; no le quiero ni le canto.
Mi pluma que se da entera en una entrega de trazos
Por describir una aurora, por dibujar un ocaso,
por llegar a lo más hondo y elevarse a lo más alto,
ese trocito de acero que ríe o llora en mi mano,
no se humilla ni se vende.
Mi pluma no es para el amo.
 

 

El mar

 

El mar soñó en voz alta
que tu me besarías.
Libérame un instante los labios,
necesito
contarte sobre el filo
de aurora en que amaneces conmigo,
que fue cierto,
que sí,
que nos amamos.
Y ya antes
que deshaga de espumas,
- el mar sueña que muero a tu costado-
reanúdate,
yo quedo.
Y déjame tus manos.
O llévate apretados contigo
Estos dos gozos y miedos y gemidos.
Mis dos gritos a un tiempo;
Dos tigres, dos palomas;
Dos himnos, dos sollozos;
Dos triunfos, dos nostalgias;
Dos culpas
y una sola locura
y un milagro. O déjame tus manos.
Dos potros, dos tormentos
dos blancos dulces perros lamiéndome
los pasos;
dos náufragos, dos puertos;
dos fuerzas, dos desmayos;
dos gotas de una lluvia de estío;
dos blasfemias
dos templos, dos guaridas;
dos cielos, dos infiernos,
dos dioses, y una génesis sola
sobre el caos.
 

 

 

 

 

 

 

   
Ciudad de Mujeres
 

Copyright © Poemario de Mujeres - Ciudad de Mujeres - Este sitio se actualizó por última vez el 09 de junio de 2008

  info@poemariodemujeres.com       Apartado de Correos 977 - 02080 Albacete