Matilde Kirilovsky nació en 1912 en
Argentina y, bajo el seudónimo de Matilde Alba Swann, se la conoce
como poeta.
Estudió Ciencias Jurídicas y Sociales en la
Universidad Nacional de La Plata. Aunque ejerció la profesión con gran éxito,
dedicó gran parte de su vida al periodismo y a la poesía, brillando por su lucha
constante en la defensa de los derechos esenciales de su pueblo.
Su obra está compuesta por ocho libros de
poemas: «Canción y grito» en 1955, «Salmo al retorno» en 1956, «Madera para mi
mañana» en 1957, «Tránsito del infinito adentro» en 1959, «Coral y remolino» en
1960, «Grillo y cuna» en 1971, «Con un hijo bajo el brazo» en 1978 y «Crónica de
mi misma» en 1980.
Entre los innumerables premios y
distinciones que recibe, destacan los siguientes: Premio «Santa Clara de
Asís» 1991; Premio «Provincia de Buenos Aires» 1991; Premio de
Poesía «Augusto Mario Delfino»; y Estatuilla «Stella Maris».
Como periodista, dirigió audiciones de
literatura en la radio y fue colaboradora del Diario “El Día” de La Plata y de
la “Página literaria” del Diario “La Capital” de Mar del Plata.
Falleció en La Plata el 13 de septiembre de
2000.
El mar - Mi
pluma no es para el amo - Renacer
Lluvia
- Déjate llorar

Déjate llorar
Déjate llorar.
Pon tus manos al fuego
y que se quemen.
Déjate castigar.
Mana
desde todas tus fuentes,
que se te vea el fondo,
que se palpen
las piedras de tu lecho.
Abre tus ramas
y descubre tu tronco,
y muestra cómo
te camina la savia,
y cómo te vas creciendo en ella
y te futurizas
en cada
pedacito de piel
que descascaras.
Vacíate alguna vez
de todo aquello que te canta,
de todo aquello que te grita,
y déjate estar
en puro estar.
Sublímate
y asciende por la onda
que te sustenta
y con la que atraviesas
en prestado movimiento
por tu propia vida,
y ciérnete
hasta que de ti no quede
nada,
más que vida.

Lluvia
Lluvia, hoy no te siento.
Hoy no eres nada
mas que agua vertical.
Apenas si te escucho
golpear el pavimento
y llamar con tu clave
sobre mi ventanal
Lluvia, hoy no eres nada
para mi desaliento
nocturno y abismal.
Cuando era niña hallaba
en tu cancion un cuento,
y ya en mi adolescencia
me diste un madrigal.
Ahora lluvia tengo
tanta tristeza adentro,
que no me dices nada
solo te oigo golpear.

Renacer
Si pudiera
atravesar el río de esta desmesurada
noche sin orillas.
Esta noche siquiera
si detiene el molino de mi angustia
su rueda.
Olvidarme que existo, y olvidarme que tiemblo,
y olvidarme que tengo
guardada una esperanza dormida en cada fibra.
esta noche de siglos y de anillos azules
girando mis pupilas.
Un sabor de desierto y una sed de espejismo.
Si pudiera evadirme de este encierro que sueño,
romper la pesadilla con estas manos mías
que no sé si son mías,
impregnadas de miedo.
Si pudiera zafarme de la red que me aprieta
y lanzarme al camino
dibujando mis alas, derramando mi piedra.
Si pudiera atravesar este río,
pura noche crecida
y alcanzar la frontera
donde el tiempo me olvide, donde el aire me borre,
renacer al asombro primitivo de luces,
al hallazgo de formas,
al deleite primero del sabor intuido,
a la plena y colmada perfección de la ausencia.
Total, nadificada, aprender,
nuevo arribo,
de la voz del silencio la primera palabra

Mi pluma no es para el amo.
Mi pluma no es para el amo.
Otros le canten endechas, otros le brinden halagos.
No le busco ni le temo; no le quiero ni le canto.
Mi pluma que se da entera en una entrega de trazos
Por describir una aurora, por dibujar un ocaso,
por llegar a lo más hondo y elevarse a lo más alto,
ese trocito de acero que ríe o llora en mi mano,
no se humilla ni se vende.
Mi pluma no es para el amo.

El mar
El mar soñó en voz alta
que tu me besarías.
Libérame un instante los labios,
necesito
contarte sobre el filo
de aurora en que amaneces conmigo,
que fue cierto,
que sí,
que nos amamos.
Y ya antes
que deshaga de espumas,
- el mar sueña que muero a tu costado-
reanúdate,
yo quedo.
Y déjame tus manos.
O llévate apretados contigo
Estos dos gozos y miedos y gemidos.
Mis dos gritos a un tiempo;
Dos tigres, dos palomas;
Dos himnos, dos sollozos;
Dos triunfos, dos nostalgias;
Dos culpas
y una sola locura
y un milagro. O déjame tus manos.
Dos potros, dos tormentos
dos blancos dulces perros lamiéndome
los pasos;
dos náufragos, dos puertos;
dos fuerzas, dos desmayos;
dos gotas de una lluvia de estío;
dos blasfemias
dos templos, dos guaridas;
dos cielos, dos infiernos,
dos dioses, y una génesis sola
sobre el caos.