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Anne Sexton, poeta norteamericana nacida en Newton (Massachussets) en 1928. Casada a los 19
años y después de haber nacido su primera hija en 1953, ingresó en un hospital
psiquiátrico para reponerse de un intento de suicidio. Fue su médico quien la
apoyó para que desarrollara el interés por la poesía que había mostrado en la
escuela secundaria.
Su carrera se desarrolló inmersa en un contexto de desórdenes mentales,
agudizados tras el nacimiento de su segunda hija y que la obligaron a ser
hospitalizada en repetidas ocasiones.
Fue profesora en la Universidad de Boston donde residió toda su vida y en la de
Colgate y en 1968 fue distinguida por la Universidad de Harvard por la totalidad
de su obra.
En 1957 conoció a Silvia Plath, y a partir de entonces sus vidas se unieron en
una relación que lindaba la identificación mutua y la rivalidad poética.
Considerada “poeta confesional”, junto a Silvia Plath, Robert Lowell y W.D.
Snodgrass, su poesía ofrece una mirada íntima de su angustia emocional.
Hizo de la experiencia de ser mujer un tópico central y a pesar de soportar
críticas por hablar de temas como la menstruación, el aborto, el incesto, la
homosexualidad y la adicción a las drogas, es evidente que su talento como poeta
trascendió cualquier controversia. Se suicidó en 1974.
Obra
Su primer libro de poesía “To Bedlam and Part Way Back” (1960), es una narración
de su colapso mental. A éste siguieron “All My Pretty Ones” (1962), “Live or Die”
con el que consiguió en 1966, el Premio Pulitzer, “Transformations”, recreación
de 17 cuentos de hadas de los hermanos Grimm; “Love Poems”, “The Book Of Folly”,
“The Death Notebooks” (1974), “The Awful Rowing Toward God” (1975) y el póstumo
“Words for Dr. Y.”. Sus poemas acusan una influencia de Robert Lowell. En 1963
recibió el American Academy Of Arts and Letters Award.
De ésas -
La balada de la
masturbadora solitaria

La balada de la masturbadora solitaria
Al final del asunto siempre es la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi aliento
te echa en falta. Espanto
a los que están presentes. Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.
Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La taño como a una campana. Me detengo
en la glorieta donde solías montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
De noche, sola, me caso con la cama.
Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
el abundante par espuma y pluma,
hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.
De esta forma escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto, ¿Podría poner
en exibición el mercado de los sueños?
Me despliego. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, la llamabas.
De noche, sola, me caso con la cama.
Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
La dama acuática, irguiéndos en la playa,
en la yema de los dedos un piano, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Entretanto, yo pasé a ser la escoba usada.
De noche, sola, me caso con la cama.
Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de saldo de un estante
y yo me rompí como se rompen las piedras.
Te devuelvo tus libros y tu caña de pescar.
El periódico de hoy dice que os habéis casado.
De noche, sola, me caso con la cama.
Muchachos y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las criaturas destellantes están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama.
(Traducción: Griselda García)
De ésas
He salido al mundo, una bruja poseída,
rondando el aire negro, más valiente por ello;
soñando el mal, he sobrevolado
las casas planas, de luz en luz:
pobre solitaria, con mis 12 dedos, enajenada.
Una mujer así no es una mujer, lo sé.
Yo he sido de ésas.
He encontrado las cuevas tibias del bosque,
las he llenado de sartenes, tallas, estantes,
de armarios, sedas, de incontables bienes;
he preparado la cena de los gusanos y los elfos:
llorando, aullando, ordenando lo que estaba mal.
A una mujer así no se la comprende.
Yo he sido de ésas.
He viajado contigo, carretero, saludando
con los brazos desnudos a los pueblos que pasaban,
aprendiéndome las últimas rutas de la claridad, superviviente
allí donde tus llamas aún muerden mis muslos
y crujen mis costillas bajo la presión de tus carreta.
Una mujer así no se avergüenza de morir.
Yo he sido de ésas.
(Recogido de la página
mujerpalabra.net
Traducción: Michelle)

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