Sand, George

 09 de junio de 2008

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Aurora Dupin, baronesa Dudevant, llamada también George Sand, nació en París en 1804. 

 

Habiendo conocido una infancia bastante libre en Nohan (Berry), lleva, después de separarse de su marido, una vida muy independiente, convirtiéndose en la amante de Jules Sandeau. Reivindicaba para las mujeres los derechos de la pasión. En sus primeras novelas, autobiográficas, asimila la búsqueda de una felicidad personal en una regeneración social. Así "Indiana" (que firma por primera vez con el seudónimo de George Sand (1832) y "Leila" (1833) son obras romanescas y líricas donde el amor se enfrenta a los convencionalismos y a los mitos sociales de la época, como si George Sand se enfrentara durante sus pasiones con Musset y Chopin.

 

Desde 1836, bajo la influencia de Pierre Leroux, luego de Barbés y de Arago, se hace apóstol de una regeneración social en unos relatos de inspiraciones humanitarias.

 

Revolviéndose contra la sociedad y disgustada por la Revolución de 1848, busca entonces nuevas inspiraciones. Se interesará, entonces, por una larga correspondencia con Flaubert y publica novelas campestres, donde expresa su optimismo sentimental: "La Mar del Diablo" (1846), "La petite Fadette"... Georges Sand no deja de escribir hasta su muerte, en 1876, y deja una abundante producción.

 

 

Me emociono al deciros que tengo

el convencimiento de que la otra noche teníais como

siempre unos deseos locos de

bailar conmigo. Sé de vuestra voluntad de hacerme

gozar y quisiera que fueseis siempre vos

como prueba de que me amáis

quien lo haga. Estoy dispuesta a mostraros mi

afecto absolutamente desinteresado y sin

cálculo, y si quisiereis de verdad verme

desvelando sin artificio mi alma

desnuda, venid a hacerme una visita.

Hablaremos como amigos, francamente

os probaré que soy la mujer

sincera, capaz de ofreceros mi estima

más profunda y más estrecha

en una palabra, daros la mejor prueba

que pudieseis soñar, conozco vuestra alma libre.

Sabed que me ha salido una ampolla enorme, dura y también

honda. Al pensarlo tengo una angustia muy

grande, acudid pues enseguida y venid a

hacérmela olvidar, es muy fuerte y no sé donde

metérmela.

 

 

 

 

 

   
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