Sánchez, Irene

 09 de junio de 2008

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Gracias Irene por tu colaboración

 

 

 

Irene Sánchez Carrón nació en 1967 en Navaconcejo, pueblo situado en el Valle del Jerte (Cáceres). Es Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Extremadura y en Filología Hispánica por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. En 1991 impartió clases de español en Londres mediante una beca de Auxiliar de Conversación. Es profesora de Lengua Inglesa en el I.E.S. “Castelar” de Badajoz.

Fue ganadora del Premio “Valbón” 1996 de Valencia de Alcántara (Cáceres) y del Premio “Hermanos Argensola” 1997 de Barbastro (Huesca), con el poemario Porque no somos dioses, publicado en 1998. Con el libro Escenas principales de un actor secundario obtuvo el Premio Adonais 1999.

Ha colaborado en el libro conjunto Siete poetas, siete poemas y una canción (2001) publicado por la editorial De la Luna Libros. En esta misma editorial ha publicado en 2002 un pequeño libro de canciones titulado Sevillanas. Su última obra, Atracciones de feria, ha aparecido en 2002 en la colección Abezetario, publicada por la Diputación de Cáceres.
 

Sin edad - Al final

 Razones


 Razones

"Bien está en otros sostenerse.
Porque nadie soporta la vida solo."
F. Hölderlin

 

Y porque estamos solos empezamos un verso.

Porque sentimos frío acercamos las manos
al calor de unos seres imposibles y bellos
que nos prestan sus ojos para observar el mundo.

Porque tenemos miedo miramos otras muertes
y en nuestra oscuridad encendemos un sol
de mediodía, inmóvil, que no se irá al ocaso.

Huyendo del dolor fatigamos el cuerpo
por calles de ciudades que nunca son la nuestra
de la mano de gentes que habitan en nosotros.

Porque tenemos prisa inventamos finales.
Porque nos falta el tiempo inventamos más tiempo.

Porque somos tan pobres no nos pesa apostar
lo poco que nos queda a este número incierto.

Porque somos humanos miramos a los dioses.
Porque no somos dioses jugamos a crear.

 

Al final


“Los ojos ven, el corazón presiente.”
Octavio Paz


Que pocas cosas duelen. Digamos, por ejemplo,
que se puede no amar de repente y no duele.

Duele el amor si pasa
hirviendo por las venas.
Duele la soledad,
latigazo de hielo.

El desamor no duele. Es visita esperada.
No duele el desencanto. Es tan sólo algo incómodo.

Somos así, mortales
irremediablemente,
sin duda acostumbrados
a que todo termine.
 

 

Sin edad

"Es tarde para la rosa.
Es pronto para el invierno."
Dulce María Loinaz


 

Hoy sueño que caminas a mi lado
y juegan en el suelo nuestras sombras
como gráciles aves sin edad.
Y la sombra sin edad de tu mano
acaricia un lugar en el suelo
donde podría estar mi corazón.
Y la sombra sin sombras de mis labios
busca el lugar exacto
donde dejar los besos, las palabras.

La soledad es sólo
el peso de tu nombre en la memoria.
 

 

 

 

 

 

 

   
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