
Isabel Rodríguez Baquero, poeta y novelista, nació en Madrid en 1938. Licenciada
por la Universidad Complutense en Filología Románica, es docente en Priego
(Córdoba). Ha recibido el Segundo Premio de la Real Academia de Córdoba en 1977,
el Premio Antonio Machado de Poesía para Profesores de la Consejería de
Educación de la Junta de Andalucía en 1984, los Primeros Premios de Poesía y
Narrativa Mujerarte de Lucena (Córodoba) en 1992 y el Premio de Poesía Dolores
Ibarruri de Andujar (Jaen) en 1999.
Ha publicado “Íntimo Laberinto”, “El Grito del Estornino”, “Tiempo de Lilas”,
“Los Rosales Oscuros”, “Ardiendo en el Ocaso”, “El Punto de Vista” y la
antología «Caleidoscopio».”
Nocturno - En pie de amor
- Ars amandi

Ars amandi
La tarde incandesecente, primaveral y clara,
se evade hacia las lindes en sombra del ocaso,
abandonando voces, pupitres y ficheros,
cementerios y perros, andenes y jacintos.
Pasan tibios retazos de palabras y risas
y pájaros perdidos detrás de los cristales.
Estalla primavera en todos los aleros
Y en los adolescentes tendidos en la yerba.
Es hermosos vivir sintiéndose vivido,
es cálido gozar la luz en compañía,
es intenso sentir que la vida se agolpa
en la palabra exacta y en los hondos silencios.
Es glorioso sentirse comenzar con la vida,
levantarse la sangre en pie de amor; es dulce
palpitar en la misma emoción inquietante
y buscarse los labios, atónitos de besos.
Es preciso vivirse, desvivirse, gozarse
y beberse a oleadas la tarde fugitiva,
antes de que las horas arrastren a la arena
los restos inservibles del último naufragio.

En pie de amor
Es imposible contener el grito
con que toda mi sangre levantada
en pie de amor, atroz, enajenada,
en ti se vierte en implacable rito.
Es imposible y, sin embargo, quito
volumen a mi voz; la tengo atada
al silencio, por siempre enajenada
sangre y voz; sin plegarias y sin gritos.
Y aun siendo así, tan terca es la esperanza,
tan incansable, tan rebelde y fiera,
que aun en esta mudez que me sentencio
día a día se pone en la balanza,
y contra la evidencia, espera: espera
que tú puedas oírme en el silencio.

Nocturno
Estás en mí, esta noche, sin posible retorno,
sin un solo recurso que me libre de ti.
Te siento en mi cintura como un estrecho abrazo,
te siento en mi garganta, donde tiembla tu voz.
Me siguen en la noche tus ojos insondables,
ese infinito océano, oscuro y abismal.
Me envuelve tu silencio, tu indefensa ternura,
tus largos aislamientos, tu tristeza tenaz.
Me salpica la boca el chorro de tu risa,
subes en oleadas constantes por mi piel.
No puedo defenderme del calor de tus manos,
ni de tu boca triste, ni de tu claridad.
Te siento como un hierro candente en el costado,
llevo grabada a fuego la marca del amor.
Estás entre mis libros, mis antiguos papeles,
la música que amo, en mi viejo reloj.
Te enredas en mis versos, te bebes mis palabras
y todo lo que escribo te transparenta a ti.
Esta noche te siento subir por mi silencio
y siento que ya nada me queda por hablar.
No quiero que me ocupes, no quiero que me afluyas
como un río incesante de piedras y de sal.
No quiero que me envuelvas, pero tal vez lo quiero.
Tal vez ya no supiera cómo vivir sin ti.
Estás en mí, esta noche, y ya no me defiendo:
arrásame la vida y déjame morir.