Adrienne Riche, poeta y ensayista estadounidense, nació en Baltimore en 1929.
En 1974 ganó el National Book Award (Premio Nacional del Libro) por “Diving into
the Wreck”, un libro de poemas que explora temas como el lenguaje, los mitos y
la historia de las mujeres. En 1951 se graduó en la Universidad de Radcliffe y
recibió el Yale Younger Poets Award (Premio Yale de poesía joven) por su primer
libro de poemas, “Un cambio de mundo”.
Otros libros son “Instantáneas de una nuera” (1963),” Nacida de mujer” (1976),
“El sueño de un lenguaje común” (1978), “Tu país nativo, tu vida” (1986) y
“Atlas de un mundo difíci” (1992).
Feminista activa, luchadora por los derechos civiles y por la paz, ha plasmado
estas inquietudes en su poesía.
Ha impulsado a la gente a cuestionarse sus creencias, y en muchos de sus poemas
se analiza a sí misma, reflexionando sobre temas como su herencia hebrea, la
homosexualidad y las políticas de opresión.
En 1997 Adrienne Rich rechazó uno de los mayores reconocimientos para los
creadores en Estados Unidos: el National Medal for the Arts, que le sería
entregado junto a otros once artistas en la Casa Blanca de manos del entonces
Presidente Bill Clinton "El significado del arte, como yo lo entiendo, es
incompatible con la cínica política de esta administración", escribió en una
carta renunciando al premio.
También ha escrito una serie de ensayos, resultado de su férrea defensa de los
derechos de las minorías y una activa participación en el movimiento de mujeres.
Destacan: “Sobre mentiras, secretos y silencios” (1979), “Sangre, pan y poesía”
(1986), Nacemos de mujer” (1986).
XII - Poema
emergente, sin número - Porque ya no
somos jóvenes... -
Orígenes e historia de la
conciencia I - Sueño que soy la
muerte de Orfeo

Sueño que soy la muerte de Orfeo
Camino rápidamente a través de las estrías de luz y sombra
que arroja una arcada
Soy una mujer en la plenitud de la vida, con ciertos poderes
y estos poderes limitados severamente
por autoridades a las que pocas veces veo el rostro.
Soy una mujer en la plenitud de la vida
que conduce a su poeta muerto en un Rolls-Royce negro
por un paisaje de crepúsculo y espinas.
Una mujer con una cierta misión
que la dejará intacta si se obedece al pie de la letra.
Una mujer con los nervios de una pantera
una mujer con contactos entre los Ángeles del Infierno
una mujer que siente la grandeza de sus poderes
cn el preciso momento en que no debe usarlos
una mujer comprometida con la lucidez
que ve, a través de la confusión, los fuegos humeantes
de estas calles subterráneas
a su poeta muerto aprendiendo a caminar hacia atrás, contra el viento,
por el lado equivocado del espejo.
Traducción de María Soledad Sánchez Gómez

Orígenes e historia de la
conciencia
I
Vida nocturna. Cartas, periódicos, whisky
vertido de golpe en el vaso. Poemas crucificados
en la pared, disecados, con sus alas cortadas
como si fuesen trofeos. Nadie habita este cuarto
sin sentir algún tipo de crisis.
Nadie habita este cuarto
sin enfrentarse a la desnudez de las paredes
detrás de los poemas, de los estantes de libros,
de las fotografías de heroínas muertas,
sin reflexionar, por primera y última vez
sobre la verdadera naturaleza de la poesía.
Esa urgencia de poner mundos
en relación. El sueño de un lenguaje común.
Mi envidia no es sencilla
cuando pienso en los amantes, en su ciega fe,
en sus crucifixiones experimentadas. He soñado con irme
a dormir como si entrase en límpidas aguas rodeadas
por un nevoso bosque, tan blanco como unas sábanas frías,
pensando, ahí dentro me congelaré.
Mis descalzos pies ya se han entumecido por la nieve,
pero está apacible el agua,
me sumerjo y floto
como un animal anfibio ardiente
que ha roto la red, que ha corrido
por los campos nevados sin dejar trazo;
estas aguas borran las huellas
Ahora estás libre
del cazador, del trampero
de los carceleros de la mente
pero el animal ardiente continúa soñando
con otro animal
que nada bajo la superficie vareteada de nieve
y despierta y vuelve a dormir.
Nadie duerme en este cuarto sin
el sueño de un lenguaje común

Porque ya no somos jóvenes, las semanas
han de bastar
por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva
del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte,
con las piernas tembládome y los brzos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad
atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mi.
Son eternos tus ojos, verde destello
de hierba salvaje refrescada por la vertiente.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

Poema emergente, sin número
Pase lo que pase, vivirá en mí
tu cuerpo. El ondeante ejercicio de tu amor,
sensible, frágil como la fronda apenas enroscada
del helecho en espiral en los bosques
recién dorados por el sol.
Amplios, tus muslos, viajeros nobles y generosos
donde mi rostro entero se hunde una y otra vez...
La sabiduría honda y la inocencia de esa morada
descubierta para mi lengua...En mis labios, el ritmo
tembloroso e insaciable de tus pechos...
Sentir tu mano en mí, firme, protectora,
descubriéndome, con la fuerza de tu lengua
y tus dedos finos llegando allí, donde te esperé siempre,
en mi fondo húmedo y rosa.
Pase lo que pase, ahí estarás tú.

XII
Durmiendo, girando incesantes como planetas en sus praderas nocturnas:
un roce es suficiente para hacernos saber que no estamos solas en el universo,
aún dormidas los fantasmas del sueño de dos mundos cruzan sus pueblos fantasmas,
casi hablándose entre sí.
Despierto al susurro de tus palabras dichas a años luz o años sombra
como si mi propia voz hablara.
Pero tenemos voces diferentes, aún en sueños,
y nuestros cuerpos, tan parecidos, son sin embargo diferentes
y resuena el pasado a través de nuestras venas cargado con lenguajes diferentes,
sentidos diferentes,
pero cualquier crónica del mundo compartida podría ser escrita con un sentido
nuevo:
éramos dos amantes de un género,
éramos dos mujeres de una generación.