Silvia Plath nació en
el seno de una familia de clase media en Jamaica Plain, Massachusetts , el 27 de
octubre de 1932. Tras unos brillantes estudios en el Smith College, obtuvo una
beca para la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, donde conoció al poeta
T. Hughes, con quien se casó en 1956. Poco después del nacimiento de su
segundo hijo se separaron. A principios de 1963, Sylvia se muda a un pequeño
apartamento de Londres con sus dos pequeños, sin apenas dinero y dedicando
sus últimos meses a la poesía. En estos últimos poemas, la muerte era
observada como un alivio psíquico cada vez más cercano. El 11 de febrero,
mientras sus hijos dormían, Sylvia puso su cabeza en el horno de gas y se mató.
Tenía 30 años. Su obra “Ariel” está considerado su mejor libro de
poemas y como novelista publicó “La campana de cristal”.
Soy
vertical - danzas
nocturnas - El aspirante

El aspirante
Para empezar: ¿eres de los nuestros?
¿Llevas
ojo de cristal, dentadura postiza, muleta,
braguero o garfio,
pechos de goma, entrepierna de goma,
costurones que muestren que algo falta? ¿No? Entonces,
¿cómo podemos darte nada?
Deja de llorar.
Abre la mano.
¿Vacía? Vacía: ahí va una mano
para llenarla; dispuesta
a preparar el té y a dar masajes que ahuyenten la jaqueca,
y a hacer lo que le digas.
¿Te casarás con ella?
Viene con garantía
de cerrarte los ojos al final
y disolverse de dolor.
Sacamos caldo nuevo de la sal.
Observo que estás desnudo:
¿qué tal este traje?
Negro y tieso, pero no sienta mal.
¿Te casarás con él?
Es impermeable, irrompible, a prueba
de fuego y de bombas que hundan los tejados.
Créeme: te enterrarán con él.
Ahora bien: la cabeza la tienes vacía, con perdón.
Dispongo de remedio para eso.
Ven aquí, corazón, sal del armario.
Bueno, ¿qué te va pareciendo la cosa?
Está, para empezar, como un papel desnuda;
pero dentro de veinticinco años será de plata,
de oro dentro de cincuenta:
una muñeca viva, mires por donde mires.
Sabe coser, y sabe cocinar,
y sabe hablar, hablar y hablar.
Funciona sin averías.
Si tienes agujeros, será parche poroso.
Si tienes ojos, será una imagen.
Es tu último clavo ardiendo, muchacho.
¿Te casarás, te casarás, te casarás con ella?

danzas nocturnas
Una sonrisa tuya cae en la hierba
y se pierde para siempre.
¿Y dónde se extraviarán
tus danzas nocturnas? ¿En las matemáticas?
Saltos y espirales tan puros-
Sin duda recorren
eternamente el mundo, y no me quedaré
despojada de belleza: el don
de tu pequeña vida, tu olor.
A pasto mojado cuando duermes, azucenas, azucenas
que no pueden compararse con tu carne.
La cala, los fríos pliegues de su ego,
y el lirio, embelleciéndose a sí mismo-
Manchas, y un despliegue de pétalos ardientes.
Los cometas
tienen que atravesar tanto espacio,
tanta frialdad, tanto olvido.
Así se desvanecen sus gestos-
cálidos y humanos, y luego su luz rosada
sangrando y desollándose
a través de las amnesias negras del cielo.
Por qué me son otorgadas
Estas lámparas, estos planetas
que caen como bendiciones, como copos de nieve
hexagonales, blancos
sobre mis ojos, mis labios, mis cabellos
rozándome y fundiéndose?.
En ninguna parte.

Soy
vertical
Pero
preferiría ser horizontal.
No
soy un árbol con las raíces en la tierra
absorbiendo
minerales y amor maternal
para
que cada marzo florezcan las hojas,
ni
soy la belleza del jardín
de
llamativos colores que atrae exclamaciones de admiración
ignorando
que pronto perderá sus pétalos.
Comparado
conmigo, un árbol es inmortal
y
una flor, aunque no tan alta, es más llamativa,
y
quiero la longevidad de uno y la valentía de la otra.
Esta
noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas,
los
árboles y las flores han derramado sus olores frescos.
Camino
entre ellos, pero no se dan cuenta.
A
veces pienso que cuando estoy durmiendo
me
debo parecer a ellos a la perfección-
oscurecidos
ya los pensamientos.
Para
mí es más natural estar tendida.
Es
entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad,
y
así seré útil cuando al fin me tienda:
entonces
los árboles podrán tocarme por una vez, y las flores tendrán tiempo para mí.