
Lucila Godoy Alcayaga,
seudónimo de Gabriela Mistral, escritora chilena, nace en Vicuña el
7 de abril de 1889.
Destacada educadora visitó México, Estados Unidos y Europa, estudiando las
escuelas y métodos educativos de estos países.
A
partir de 1933, y durante veinte años, fue cónsul de su país en ciudades
como Madrid, Lisboa y Los Angeles.
Su
fama como poetisa (aunque ella prefería llamarse -poeta) comenzó en 1914
luego tras haber sido premiada en unos Juegos Florales por sus “Sonetos de
la muerte”, inspirados en el suicidio de su gran amor, el joven Romelio
Ureta. A este concurso se presentó con el seudónimo que desde entonces la
acompañaría toda su vida.
Su
poesía, llena de calidez y emoción y marcado misticismo, está traducida al
inglés, francés, italiano, alemán y sueco. En 1945, recibe el Premio Nobel
de Literatura. Posteriormente y en 1951 el Premio Nacional de Literatura.
A su
primer libro de poemas,” Desolación” (1922), le siguieron “Ternura” (1924),
“Tala” (1938), “Lagar” (1954) y otros.
Después de una larga enfermedad, fallece el 10 de enero de 1957, en Nueva
York. Sus restos reciben el homenaje del pueblo chileno, declarándose tres
días de duelo oficial, rindiéndosele homenaje en todo el Continente y en la
mayoría de los países del mundo. En su testamento donó todos los derechos de
sus obras que se publiquen en América del Sur a los niños de Monte Grande.

Ausencia
Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.
¡Se te va todo, se nos va todo!
Se va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos, que se devanaban,
en lanzaderas, delante tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.
Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.
Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche,
como demencia de mares solos!
¡Se nos va todo, se nos va todo!
