Gracias Natalia por tu colaboración

Natalia Menéndez Rodríguez nació en Avilés en 1973.
Doctora en Filología Inglesa por la Universidad de Oviedo. Actualmente
trabaja como profesora de Inglés en enseñanza secundaria, aunque con
anterioridad ha sido profesora de Inglés y Literatura Inglesa en la
Universidad de Oviedo, traductora y coordinadora de Uno, la Revista Digital
de la Universidad de Oviedo.
Es autora de un libro de inglés técnico audiovisual y co-autora de dos
libros de crítica literaria sobre literatura en lengua inglesa. También ha
publicado varios artículos sobre diversos aspectos de la Filología Inglesa.
Algunos de sus poemas aparecen en las antologías XIX Premio "Voces nuevas"
Torremozas 2006 y II Premio Ábaco, "Silencios de Hielo y Papel". Ha obtenido
el IV Premio de Poesía Nené Losada Rico con el poemario "Restos de un
naufragio" y el premio “Ana de Valle” 2006 ex-aequo por "Las Virtudes
Cardinales".
El deseo vive... -
Regresamos descalzos...
Él nunca conoció...

Él nunca conoció mi casa.
Llena de recovecos donde esconder mis versos,
en oscuros cajones,
en hojas arrancadas entre los libros.
Sólo saben los relojes que el tiempo no se apiada
ni la marea cambia el rumbo establecido.
Sólo en sueños vuelven las aves a mi alero,
y me custodian,
como un planeta que nunca duerme.
(De Restos de un naufragio)

Regresamos descalzos, indecisos,
como el desconcierto del recién llegado.
Ya nadie nos sigue, aún así volvemos atrás la vista
como forajidos solitarios escapando entre tinieblas.
El cambio de estación ya borra nuestras huellas,
nuestro crimen fortuito se lo lleva la marea.
Sólo quedan las cenizas en la memoria,
el pelo desordenado.
Ya olvidada nuestra culpa, nos separamos.
Apenas un vestigio de lo que hicimos,
un paisaje difuminado en la clase de arte,
igual que un horizonte que seduce al olvido.
(De Las Virtudes Cardinales)

El deseo vive en los versos que me escribes,
en los sueños que me invento para
contentarme, en mi voluntad
a la intemperie entre las luces del paseo.
Nace en los espejos que tú miras,
se desnuda en el reflejo que yo veo,
en un lugar secreto donde todos susurran
tu nombre y mi nombre.
Crece entre mis sábanas de hilo,
en el trazo de tu pluma ligera,
en las estaciones que visito para ir a verte.
Y muere al doblar una esquina,
al final de esta página, en un último verso
donde nunca se separan el rostro y la máscara,
donde siempre conviven mi miedo y tu miedo.
