Luz Méndez de la Vega, nació en Guatemala en 1919. Escritora prolífica, es autora de numerosos
ensayos, investigaciones literarias y antologías de poesía guatemalteca. Es
licenciada en Letras con estudios de doctorado en la Universidad complutense
de Madrid y académica guatemalteca de la Lengua.
En 1994 le fue concedido el premio nacional Miguel Ángel Asturias.
Obra:
Poesía
“Eva sin Dios” (1979), Tríptico: “Tiempo de amor, Tiempo de llanto y,
Desamor” (1980), “De las palabras y la Sombra” (1984), “Las voces
silenciadas: poemas feministas” (1985), “Antología poética” (1994),
“Helénicas” (1998), “Toque de queda: poesía bajo el terror” (1969-1999).
Teatro: “Tres rostros de mujer en soledad: monólogos inoportunos”
(1991).
Crítica literaria: “Estética y poesía de Petrarca” (1974),
“Lenguajes, religión y literatura como deformadores de la mujer y la
cultura” (1980), “La mujer en las obras de José Milla” (1982).
Compiladora: “Flor de varia poesía: poetas humanistas” (1978),
“Poetisas desmitificadoras guatemaltecas” (1984), “La poesía del grupo,
RIN-78” (1986)
Safo a Cleis - Verano

Verano
Marchito verdor.
Rescoldo del verano
trasciende
en la sed de las agotadas raíces.
Entre los arbustos secos,
la muerte juega rondas de fuego.
Polvo y hojarasca en espiral
se elevan entra la ciega tolvanera
y sólo queda
el dolor de las ausentes
hojas y las cuencas vacías
de la tierra
en donde agonizan silenciosas
las semillas,
como palabras
que nunca se dijeron
ni han de decirse

Safo a Cleis
Me amo en ti,
y
en tu figura,
me miro,
transformada
con la forma de mi sueño.
Al acariciarte
es mi reflejo
el que acaricio
narciso
en el espejo de tu cuerpo.
Me miro, así,
toda yo
vuelta carne tuya,
belleza que amo,
seda que acaricio
en tus mejillas.
Sabor de tu piel
en la blanca corola
de tus senos
y en la oscura y dulce fruta
de tu sexo.
Lenta y deleitosa
te recorro
con mis dedos
más sabios en formas
que los de Fidias,
y vuelvo
un cinturón de oro
mis brazos en torno
a tu cintura,
mientras
ávidas
mis piernas
-como lianas-
se enredan en las tuyas
al tiempo que no hay límite
entre tu boca y la mía.
¿Tú o yo?
¿Cuál soy?
¿o cuál tú eres?
Fundidas en el placer
todo se borra,
y sobre el lecho, entre
los deshojados jacintos
de las rotas guirnaldas
-con que nos adornamos
para el íntimo festejo-
sólo sé
que soy llama
encendida en tu aliento.
Enajenada en ti
sin tiempo
y sin fronteras.
Perdido el borde
de mi cuerpo,
en las oscuras aguas
del orgasmo,
me entrego hasta morir
en tu belleza.
