Cristina Maya, nació en 1951 en Bogotá.
Es Licenciada en Filosofía y Letras, catedrática universitaria en literatura
colombiana e hispanoamericana, en cultura griega y latina.
Destaca la sensualidad de sus poemas.
Su obra literaria:
"Historia y mito en la novela en Antioquia" (1980); "Obra crítica de Rafael
Maya" —su padre— (1982); "Vida y obra de Jorge Rojas"; "La poesía de Rafael
Maya: análisis e interpretación"; "La filosofía en la narrativa de América
Latina y Agueda Pizarro" —entrevista— (1996).
Libro de poesía: "De pie sobre la vida" (1991)
Poema de la ausencia -
Presencia - Luna -
Invitación

Invitación
Ven a habitar
esta parte de mi alma
suspendida en la orilla
de un crepúsculo.
Ven a abordar este barco
naufragado en lo azul
de mi nostalgia.
Mi casa te aguarda
florecida de lilas
y abierta al horizonte
donde la luz es el preludio
de una aurora
que apenas se perfila.
Todos los sueños caben,
todos los espejismos.
Aquí las ventanas
son puertos para viajar
por rutas olvidadas
y en las tardes
el jardín reverdece
de tallos y de hojas,
de voces minerales
que emanan de la tierra.
Mi casa te espera
lejos del frío nocturno
que cuaja de tristeza cada calle,
lejos de la negra visión,
que empaña las esquinas
de humo y pesadumbre.
Tibieza, claridad,
sombra apacible
de la luz en la lámpara
junto al libro
de signos admirables.
El lecho de los sueños,
la almohada reclinada
y mi amor abrigándote
en el silencio puro
de la noche.
Mi casa te aguarda
de pie sobre la vida,
a esta hora o en el círculo
eterno de las horas.

Luna
Luna de presagios,
abórdame esta noche,
vivo presa
de tu mágico hechizo
y en tu espacio de luz
espejea mi alma.

Presencia
Todo lo llena tu presencia:
lo distante y lo próximo,
lo pequeño y lo grande,
el delicado nudo de los sueños.
El mundo es una larga huella tuya
y yo piso la tierra
desterrando el olvido.

Poema de la ausencia
Como golpea tu ausencia
cuando evoco tus pasos por la casa,
tus huellas en mi alcoba,
mi cotidiano empeño de tenerte.
Puedo palpar la luz de cada amanecer
con su luna desierta y congelada,
tu voz de agua
fluyendo por mi sangre
de magnolia encendida,
tu sombra fugitiva
que tejes y destejes,
por la escalera anónima
que hasta ti me conduce.
Puedo esperarte desvelada
en la noche profunda,
sembrar el horizonte
de voces que te nombran
desde mis sueños desolados.
Penetrar en un círculo etéreo
de niebla y lejanía
de polvo inerte y blanco
donde mi soledad de nieve
habita el más remoto sitio
de tu alma.
Allí donde tu imagen
en constante reflejo del silencio,
memoria impresa en el espejo.
