Elena Martín Vivaldi, nació en Granada, España en el año 1907.
Realizó el bachillerato en el Instituto "Padre Suarez" a comienzos de los
años veinte, siendo una de las poca jóvenes que en aquella época estudiaban.
Posteriormente cursó estudios de Magisterio y en 1938 de Filosofía y Letras.
En el año 1942 oposita al cuerpo de Bibliotecas, Archivos y Museos,
adjudicándose una de las plazas de Archivera, lo que le facilita, además de
obtener un lugar propio en el mundo laboral tan limitado para las mujeres en
esos años, tener a su disposición una gran cantidad de libros, instrumentos
estos para su estímulo y desarrollo artístico.
A lo largo de su carrera laboral trabaja en Huelva y en Sevilla (Archivo de
Indias) antes de volver a su ciudad natal, donde ejercerá en la
Biblioteca Universitaria de Granada.
Pero donde destacó principalmente es a través de su legado poético,
considerado de la más refinada calidad, plagado de intenso lirismo y
profunda tristeza, Elena Martín, juega con la expresión sentida de la
naturaleza, estival o silvestre. Su obra que ha sido ampliamente
difundida en revistas literarias y en antologías, no puede ser adscrita a
ninguno de los movimientos literarios conocidos, siendo considerada una
autora cuya singularidad ha marcado la creación de generaciones posteriores.
Algunas de sus obras son: "Escalera de luna", de 1945; "El alma desvelada",
de 1953; "Cumplida soledad", de 1958; "Materia de esperanza", de 1968; "Y
era su nombre mar", "Nocturnos", de 1981 y "Tiempo a la orilla", en 1985,
donde se recoge el conjunto de su obra poética.
Numerosos son los homenajes que esta mujer sociable y comunicativa,
afectuosa e íntima, recibió, de entre ellos del nombramiento de Hija
predilecta de Granada y la medalla de la Real Academia de Bellas Artes de
Granada .
Fallece el año 1998 en la misma Granada que la vio nacer.
El ala de un recuerdo -
y 14

y 14
Tan lejos va el recuerdo, tan lejana
la imagen –esta noche- del pasado,
tan parece mentira lo soñado
como la realidad de fiel mañana.
Esfumándose va, materia vana,
aquello que en mi mente está grabado,
y no sé si es real o imaginado
todo aquel mundo donde anduve ufana.
Instantes son de angustia, cuando veo
cómo se me deshace lo que un día
fuera luz y verdad resplandeciente.
Yo quisiera creer, y ya no creo.
Allí me miro. Y era. Allí vivía.
Hoy sólo sombras luchan en mi mente.

El ala de un recuerdo
Como un aire suave que el verano
nos deja entre la carne y acaricia,
trayéndonos, ausente, la primicia
de un otoño amarillo y más cercano.
Como un agua que llega hasta la mano,
sedienta de esperanza, y la delicia
de su frescura por la sangre inicia,
y calma el corazón. Así, lejano,
en brisas de nostalgias florecido,
el ala de un recuerdo, silencioso,
ha rozado mi alma, y, suavemente,
desde el umbral oscuro del olvido,
un sueño, de su noche, milagroso,
llega claro a mi sed con voz ausente.
(