Maillard, Chantal

 07 de junio de 2008

Ciudad de MujeresPrincipal
Maeso, Mª Ángeles
Maillard, Chantal
Manceda, Ana María
Marçal, Maria-Mercé
March, Susana
Martín Puigpelat, Ana
Martín Taffarel, Teresa
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Masajo, Suzuki
Massolo, Laura
Mastretta, Ángeles
Matute, Carmen
Maya, Cristina
Mayol, Anamaría
Mellado, Luciana A.
Mello, Sophia de
Méndez, Luz
Menéndez, Natalia
Mengíbar, Inmaculada
Merini, Alda
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Miralles, Isabel
Mistral, Gabriela
Monroig, Laura
Montagut, Mª Cinta
Montero, María
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Morano, Cristina
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Chantal Maillard, nace en Bruselas en el año 1951. Cursa estudios de filosofía y se especializa en religiones indias en la Universidad de Benarés (India), dedicando diez años de su vida a la enseñanza del yoga. Profesora de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Málaga, así como de Filosofía Oriental, ha publicado varios ensayos como "El Monte Lu en lluvia y niebla", "María Zambrano y lo divino" (1990), "La creación por la metáfora". "Introducción a la razón poética", "El crimen perfecto". "Aproximación a la estética india", "La sabiduría como estética". "China: confucionismo, budismo y estética india", "La razón estética" y "Rasa".
Su obra poética la componen cinco libros:
"Semillas para un cuerpo" (1988), escrito con Jesus Aguado, premio Leonor 1988.
"Hainuwele", premio Ricardo Molina, 1990
"La otra orilla", premio Juan Sierra, 1990
"Poemas a mi muerte" (1994), premio Ciudad de Santa Cruz de la Palma, 1993
"Jaisalmer" (1996)
"Benarés" (2001)
 

Llevo acostada largo tiempo - No pondrás nombre al fuego

Sin embargo

 

Sin embargo

 

 

Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo... No me
fío de mí. Nada es
permanente. Menos
lo es la palabra. Esto
tampoco,
esto tampoco,
esto tampoco. No me fío,
no te fíes de quien
dice, de quien
habla, de lo que se
dice, de lo que dices,
de lo que digo,
no me fíes,
no te fío.
La lucidez es una chispa, un
estado de conciencia
en las multiplicadas estancias

de la conciencia o que hacen
conciencia, las estancias
que se alargan, se prolongan, se
continúan, y así
se le llama conciencia
a aquella continuidad.
No me fío, no te
fíes de las estancias,
se estrechan,
se acortan,
se invaden,
desaparecen,
la lucidez es un instante
entre estancias,
ventanas en la mónada que
si permanece bajo
la luz del foco se hace estancia,
también ella, y sufre
las mismas convulsiones.
Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo... lo
que intuyo ahora
se borrará mañana,
luego,
ahora,
apenas se haga pensamiento,
conciencia: estancia. Atrapamos
la sensación que invade las entrañas,
muy abajo,
muy adentro,
muy homogénea, la atrapamos
y la hacemos eso: "sensación",
la nombramos,
la describimos... la perdemos. Ya
no es ella, ya no es eso, ya no es.
Aún está allí pero
no es lo que digo,
lo es apenas,
no es lo que oís,
no es eso, no
os fiéis,
no me fíes,
no te fío.
De nuevo cae la tarde,
mengua la luz.
Los colores del otoño vienen del oeste,
decía aquel poeta chino.
El mundo está en mí.
No me apartaré.
Acojo todos los colores, el
estío dentro de mi otoño,
porque sé que no
hay fin, que no habrá término.
Todo comienza y termina en mí.
Yo soy el infinito proyecto de mí misma
por encima de mí
me sobrevuelo.

Lógica borrosa, 2002
 

No pondrás nombre al fuego

No medirás la llama
con palabras dictadas por la tribu,
no pondrás nombre al fuego,
no medirás su alcance.
Todas las llamas son el mismo fuego.
Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los espantos
que la razón construye en sus tinieblas.
Hay que bajar al cuerpo, muy adentro,
tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar
el gozo de la lava.
No importa en qué caderas,
en qué pecho resbale,
no importa la estatura, el sexo o la materia
pues todos caminamos sobre la misma pira.
No medirás la llama con palabras que encubren
los viejos sentimientos de los hombres.
 

 

Llevo acostada largo tiempo

Llevo acostada largo tiempo
en la orilla. Mis pechos
son colinas cubiertas de hoja seca.
Levanto la cabeza y me contemplo:
en mis muslos el vello a punto de ser vello,
me incorporo: la hierba a punto de ser hierba,
doy un paso y despierto al agua
a punto de ser agua,
se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto
de ser negra....
Un resplandor me ciega:
el bosque me contempla, a punto de ser bosque,
a punto de ser tuya.

 

 

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