
A -
B - C -
D - E -
F -
G - H - I
-
J - K
- L -
M - N - O
P - Q - R -
S - T - U
-
V - W - X - Y
- Z

Gracias Luzmaría por tu colaboración
Luzmaría Jiménez Faro nace en Madrid. En 1982 funda
Ediciones “Torremozas”, editorial especializada en literatura escrita por
mujeres.
Fue designada albacea por la escritora Carmen Conde. Es presidenta de la
Fundación Gloria Fuertes, siendo depositaria de todos los derechos de esta
autora.
Obra poética: “Por un cálido sendero” (Madrid,
1978), “Cuarto de estar” (Alicante, 1980), “Sé que vivo” (Madrid, 1984),
“Letanía doméstica para mujeres enamoradas” (Madrid, 1986), “Bolero”
(Madrid, 1993), “Amados ángeles” (Madrid, 1997), “Amati angeli” (Foggia,
Italia, 1999), “Mujer sin alcuza” (Madrid 2005).
Yo soy la amada... -
Síndrome de
Diógenes
Ellas, las
asesinadas

Ellas, las asesinadas
Son una hilera de enlutadas sombras.
Siemprevivas calladas. Siempremuertas.
Mariposas de invierno en alfileres.
Alondras tristes para siempre mudas.
Selláronles sus bocas con pétalos de sangre.
Esculpieron sus risas sobre mármoles fríos.
Dejaron a sus hijos a solas en el aire,
y ya sus ojos ciegos ruedan por los abismos.
Son mujeres sin nombre, sin edades,
que levantan sus voces en la ausencia
esperando una luz que las redima
del terror, de la injuria, de la fuerza.
No piden ni la paz ni la palabra:
quieren ser los escudos de la herida,
la memoria tenaz, la dolorida sinrazón
de una muerte anunciada. Denunciada.
Ellas, las siempremuertas y las siempre vivas.
Mujer sin alcuza, Ed. Torremozas

Síndrome de Diógenes
Visto en TV: Desalojan a una mujer
de un piso en el que había más de
una tonelada de basura.
Por los fardos oscuros,
por los paraguas rotos,
por los trapos ajados,
por los plásticos yertos,
por las bolsas sin nada,
por las manzanas secas,
por los mendrugos áridos…
descuelga su mirada vacía
-a la deriva-
por su hediondo museo
del que es dueña absoluta.
Quizás, en otro tiempo
esta mujer fue bella,
dejara en sus amores
su risa cristalina
y sus manos de piedra
fueran manos de musgo
para tiernas caricias.
En su cripta de ratas,
de polillas y hormigas
donde su sombra expande
su plenitud de heridas,
atónita contempla
las manos que derriban
su devenir de sueños,
su riqueza baldía.
Mujer sin alcuza, Ed. Torremozas

Yo soy la amada...
Yo soy la amada, amante, soy la amada:
voy andando las horas que separan
mi cuerpo de tu cuerpo
y restañando las frágiles heridas
de huellas que volaron con tu nombre.
Yo soy la amada, amante, soy la amada:
la que brotó salvaje entre tu trigo
y lo tiñó de púrpura,
la que sin darse cuenta
iluminó de pronto tu paisaje,
la que acudió a tu llanto
y en su aljibe
atesoró tus lágrimas.
Yo soy la amada, amante, soy la amada:
la que en silencio mira.
La que te espera.
La que teje sus sueños con tu vida.
