Gómez, Patricia

 21 de marzo de 2009

Ciudad de MujeresPrincipal
Gallegos, Mía
Garbini Tellez, Fanny
García, Ariadna
García, Concha
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Ginzburg, Natalia
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Gómez, Patricia
Gómez, Teresa
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González Huguet
González, Concha
González, Mª Clara
González, Teresa
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Biografia aportada por la propia poeta.

Gracias Patricia por tu colaboración

 

Patricia Gómez, nace en Santiago de Chile, donde estudia Administración Hotelera. Madre de dos hijos varones. Escribe desde que conoce la palabra, cuentos cortos, poesía infantil, prosa poética. Ha participado en tres antologías, las cuales ayudaron a despertar una creciente necesidad por publicar. Su primera antología se realizada con la editorial de Escritores.cl, siendo ésta la tercera antología poética que realiza la editorial, luego participa en su segunda Antología después de ser seleccionada para participar en el XV Encuentro de Mujeres Poetas en País de las Nubes, evento que se lleva a cabo en México, en el estado de Oaxaca, donde participan se reúnen poetas de más de 40 países, una vez al año. Por último participa en la tercera antología realizada por la editorial Rayentru.
Ha realizado diversos talleres literarios, el primero donde desarrollo la narrativa infantil, creando varios cuentos y una pequeña novela inédita, siempre enfocado en la literatura infantil.
Luego participa en un talleres poesía con la poetisas como Ana Maria Viera y Alejandra Basoalto, donde perfecciona técnica. Después de eso decide caminar sola para mantener su voz en un estado de mayor pureza.
En este momento esta preparando su libro “A Veces…,” el cual entregará una prosa poética con un profundo contenido existencialista, característica que se ve reflejada en toda su obra poética, además a fines de Febrero ya saldrá a la luz libro que publica con la poeta Mexicana Socorro Carranco, “Hay días…”, libro que va dirigido especialmente a la mujer por su temática.

No la mueve participar en concursos literarios, no la mueve promocionar su obra en recitales ni encuentros poéticos, no la mueve publicar una gran cantidad de libros. La mueve llegar a ser una de las voces de la mujer trabajadora, aquella que no la tiene, la mujer cotidiana y llena de profundidades, plena de emociones. También ha desarrollado una pagina web,  donde espera llegar a través de su pluma a muchos ojos que caminan silentes por un océano de búsqueda. Tal vez no lo logre, pero mientras camina..., hará el esfuerzo.
 

Soy  - Hay días… - A veces…

Por una vez quiero - La Rueda

La Rueda

Cuando mi cuerpo, una vez más muera
y mis ojos, ventanas de mi alma inmortal,
caigan cerrando el paso a la luz que trae la ilusión,
ahí seré una nuevamente…,
daré cuenta y tomaré lo ganado
pagaré lo que adeudo y haré con ello
mi equipaje.

Mi cuerpo será destrozado
mil veces por la tierra, ésta y otras.
Mis manos regaran tantos viñedos
como mi boca besará los frutos
de mis tantos vientres,
seré hombre tantas veces
que ya no habrá misterio
en la siembra.
Seré hembra, hijo, seré padre,
seré lo que no he sido y lo que fui
por mil veces más.

Más en algún momento
seré ambos, hombre y hembra
arderán en mis manos,
no tendré que vestirme con cuerpo alguno,
daré frutos y fecundaré,
no correrá por mis venas emoción alguna,
ni lagrima ni risa vestirán mi faz, no habrá.
El silencio será tan grande
que ya no habrá misterio,
la palabra será muerta en mi boca
y seré una con todo.



Por una vez quiero

Por una vez quiero,
me digas al oído
un montón de palabras,
palabras sueltas,
sin pretensión ni tiempo.
Que me digas por ejemplo
en un día cualquiera,
¡Por Dios que estas bella!
Aunque parezca un pájaro triste
sin plumas doradas
ni alas erguidas
en mi pecho calvo.

Que me abrigues la espalda
cuando la sonrisa este en su tarde.
que me mires con ternura…,
solo porque son las seis
o es lunes o martes.

Por una vez quiero,
¡Solo una vez quiero!
que recites en mi oído…
cuando esté vagando
por algún universo distante
u orquestando con el cielo
partituras celestiales,
que soy en ti, como
la libélula blanca.

Quisiera…,
que cuando hablo con Dios
a hurtadillas y en silencio,
queda de palabras,
o cuando escribo sueños rotos
en un papel cansado,
que te acerques despacio,
me mires con dulzura
y me digas al oído
¡Amor a pesar del tiempo,
cuanto te amo!

 

A veces…

Se me cae el cielo en estos ojos despiertos
que sostienen mi cara, y soy toda luz, todo silencio…,
silencio que ensordece el alma.
Y quédome ahí, inerte…,
como una estatua viva,
sin pensamientos que perturben mi transito,
sin palabras que construyan puentes,
sin movimiento alguno que pudiese
en un acto insolente, quebrar el momento.


(Libro A veces…,)

 

 

Hay días…

Hay días, de esos en los que puedo respirar…,
respirar libremente, como si no hubiera frontera en la mirada,
como si todo fuera etéreo, como yo y mis dedos,
como mi tacto…, como mi beso enamorado.
Hay días así…, como el sonido del amanecer,
días dulces, suaves, frescos, lavados en todas sus esquinas
por una aurora promiscua, promiscua pero fértil.

Sin embargo, también hay aquellos
en los cuales la gente me molesta,
me desagradan los autos y el día, la ausencia, el frío…,
las montañas nevadas que caen insolentes
en mis ganas, ganas de soledad.
El olor a primavera brotando por todos lados y yo…,
yo sin poder bebérmela como quisiera.
Tus ojos que no toco, tu tacto que no conozco.
Todo eso me molesta y me lleno de frío…,
frío que entumece mi alma.


(del libro Hay días…)

 

 

Soy

Soy brisa infinita,
verde, impía, grande…
soy todas las mujeres del mundo
y no soy ninguna…,
soy en tus manos,
en esa boca fresca,
en tus ojos milagrosos…,
en el firmamento que nos mira.

¡Soy enteramente en la tierra,
esa que es húmeda viva, fuerte!,
en la llaga del dolor,
en la sangre pestilente,
en la gota de sudor que corre por tu pecho.

Soy… y como soy,
en tu bosque silencioso, ¡en esas manos…!
en el beso doloroso,
y también…, en el ardiente.

Soy arisca, pequeña, inmensa…
soy como me imaginas,
así…, resbalando por tus manos como agua,
floreciendo por tus piernas como hiedra,
sembrándome en tus dedos.
En las esquinas de tu silenciosa mente
en el rincón más oscuro del deseo.
En la montaña protectora
que cubre nuestra tierra,
en el mar que me alimenta
en el rostro del hambriento
en la pisada del que muere.

Sólo búscame, tómame
hunde tu blanca humanidad en mi
cobijo, y sé en mí …,
como la hoja del más viejo roble…
en un otoño alegre.
 

 

 

 

 

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