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Ariadna García nace en Madrid (España) en el año 1977. Estudia
Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, de cuyo
departamento de Literatura Española fue becaria en el curso 1999-2000. Colabora
con la revista ilustrada de creación "Los cuadernos del matemático" y forma
parte del programa "Arte Joven" de la Caja de Ahorros del Mediterráneo.
En el año 2001 obtiene el Premio Hiperión de poesía.
Actualmente vive en la Residencia de Estudiantes con una beca
del Ayuntamiento de Madrid en el área de creadores y artistas.
Tiene dos libros publicados: "Construyéndome en ti" (Madrid,
Libertarias, 1997) y "Napalm. Cortometraje poético" (Madrid, Hiperión, 2001).
Nadar a oscuras -
Imán

Imán
No serán suficientes las caricias para decir "te quiero",
pero mi mano aprieta el corazón
tendido como un puente hacia tu boca.
No caben más guirnaldas en mis venas,
ni más miel en tus pechos.
El más breve latido de tu carne
es un astro que tira de mis ardientes músculos
hacia su mar de brasas o carbones.
Ya en órbita,
doy forma a tu sonrisa con mis labios.
La tarde lentamente va llegando
allí donde termina el tobogán,
mientras cuento uno a uno
los gajos de ternura que me llevo a la boca.
La hostilidad del mundo,
las hélices de plomo
que cortaban el vuelo
a todos nuestros globos y cometas,
vive fuera del cuarto.
En el cuarto,
nuestro amor siembra puertos
donde las naves tienen corazones atados a los puños,
y los mapas revelan
la duda de las norias,
y las brújulas huelen
el resplandor del humo,
y los sueños desbordan los bolsillos
cada vez que se zarpa.
Monedas de sudor
acarician tus senos
y van dejando un rastro
de pisadas de estrellas.
No me duele la vida
cuando veo en tus ojos de gorrión mojado por la lluvia
lo risueño del niño
que espera sonriente como un ancla
su regalo.
No me escuecen las alas
cuando tus labios vienen a salvarme
del incendio en que vivo,
y la pasión nos toma la cintura,
y el ritmo de la sangre golpea los tabiques
y deshace la cama.
Nuestro amor empapela las paredes del cuarto
y vivimos felices entre algodón y fresas.
En la calle es distinto.
La gente nos recibe con una calurosa bienvenida
a base de volcanes,
y el odio es un revólver
que apunta nuestras manos cuando van enlazadas,
que apunta nuestros labios si nos damos un beso.
Pero somos más fuertes,
y nuestro corazón bombea en las ventanas
sin miedo a los cristales.

Nadar a oscuras
Con esa propensión a la tristeza
de quien está encerrado en un poliedro
voy bordando en mi carne los contornos
de un débil corazón deshidratado.
Tu gemido nocturno
golpea raíles del recuerdo
y enciende carbones
de la desesperanza.
Narcótico en la lengua
tapizo los minutos
con álbum de sueños:
tus piernas enlazadas a mis piernas.
Un temblor de estampida entre los muslos,
nuestra ropa en el suelo;
ácido que taladra
la noche como un túnel
y deja con coágulos el alma
Necesito una urgente transfusión
que deje aristas
de mi pulso hacia ti
reducidas a polvo.
Coseré las costuras
de estas horas deshechas
mientras juntas las piezas
del puzzle de mi cuerpo.
