G. Donis Herme

 21 de marzo de 2009

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Gracias Herme por tu colaboración

 

Herme G. Donis, nació en Villalón de Campos, Valladolid, en el año 1951


Codirigió la revista de literatura Hydra (1973-1976) y la colección poética Cuadernos de Cristal (1982-1991). Así mismo, ha coordinado el suplemento cultural semanal «Jueves Literarios» (1982- 1985) del periódico La Voz de Avilés.

Ha publicado los libros de poesía Catón de infancia (Avilés, 1983), Marginalia urbana (Oviedo, 1986), El fuego desvelado (Madrid, 1987), Mientras el tiempo pasa (Mieres del Camino, 1989), Peregrinas andanzas (Gijón, 1997), libro seleccionado para el Premio Nacional de Poesía, 1998, y Vida y memoria 1983-2002 (Gijón, 2002). Ha sido incluida en diversas antologías.

Actualmente reside en Madrid, donde colabora por libre en diversos medios periodísticos

 

Luz en el cielo - Nada existeVía Muerta

 

Vía Muerta

Hay un número negro que no es el trece
que le supera en fechoría:

once de marzo de dos mil cuatro,
siete treinta y cinco en punto.
Un sobresalto rompe
el duermevela
de los sueños,
rotos
en mil pedazos
el futuro y la esperanza
se aprisionan, se esparcen por vagones
y andenes que ya nunca
llevarán a ninguna parte.
Son las siete cuarenta
en el reloj de pulsera desbaratado.
En ese minuto, en ese instante,
las madres sienten escalofríos
en la nuca, no saben

adónde dirigir su primer sollozo,
las canciones de los niños
se pierden sin ecos y sin rastros,
la joven que guarda ilusiones
en el fondo oscuro de sus ojos,
los cierra sólo un momento
–piensa– esperando que después
de un corto sueño se despierte.
Nunca más los abrirá.
El frío es azul oscuro, denso.
Mientras la ciudad contiene el aliento,
las ventanas del cielo se cierran.
Ninguno de sus habitantes
quiere oír el clamor de la angustia
que arrastra pies desnudos
por ensangrentadas vías muertas.
El día abominable
en el que perros enfurecidos
despedazaron a sus presas
a dentelladas,
ningún dios les puso freno.
Miraron a otro lado.

Doloroso final del recorrido.
Triste mañana nuestra.
Pero que recuerden los verdugos
cómo son los temblores del parto,
cómo nacen las margaritas
del dolor de la tierra,
cómo se levanta la mañana
del clavel de la sangre
en las heridas.
Por si no lo saben, contádselo.
 

 

Luz en el cielo.
Desde su cárcel de agua,
un arco iris.


(Sed de agua)

 


Nada existe
si no está en la vida
que es un sueño.


(Gotas de otoño)

 

 

 

 

 

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