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Sor
Juana Inés de la Cruz nació en la Hacienda de San Miguel de Nepantla en 1648.
Entró en el Convento de San Jerónimo en 1668, donde se hizo Portera segunda,
Secretaria y Contadora (encargada del archivo). Durante veinte años, Sor Juana
pasó el tiempo escribiendo poesías, loas, ensayos, novelas y comedias. Se la
consideró una de las mujeres más notables de su tiempo, y llegó a tener una
biblioteca de más de 4.000 volúmenes, considerada la más rica de toda
la América Latina en ese tiempo. Su primer volumen de poesía se publicó en
Barcelona en 1689. En 1690, México sufre de hambres y pestes. Sor Juana vende
todas sus posesiones (incluyendo su biblioteca) y da todo el dinero a los
pobres, hambrientos y enfermos de México. Dedica el resto de su vida a cuidar a
las monjas enfermas y muere en el año 1695.

Hombres
necios
Hombres
necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
Si
con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís
su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer
quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis,
con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para
pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué
humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?
Con
el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión,
ninguna gana;
pues
la que más se recata,
si
no os admite, es ingrata,
y
si os admite, es liviana.
Siempre
tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues
como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?
Mas,
entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.
Dan
vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál
mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
¿O
cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?
Pues
¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad
de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien
con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
