Cruz, Sor Juana Inés

 07 de junio de 2008

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Sor Juana Inés de la Cruz nació en la Hacienda de San Miguel de Nepantla en 1648. Entró en el Convento de San Jerónimo en 1668, donde se hizo Portera segunda, Secretaria y Contadora (encargada del archivo). Durante veinte años, Sor Juana pasó el tiempo escribiendo poesías, loas, ensayos, novelas y comedias. Se la consideró una de las mujeres más notables de su tiempo, y llegó a tener una biblioteca de más de 4.000 volúmenes, considerada  la más rica de toda la América Latina en ese tiempo. Su primer volumen de poesía se publicó en Barcelona en 1689. En 1690, México sufre de hambres y pestes. Sor Juana vende todas sus posesiones (incluyendo su biblioteca) y da todo el dinero a los pobres, hambrientos y enfermos de México. Dedica el resto de su vida a cuidar a las monjas enfermas y muere en el año 1695.

 

 

 

 

Hombres necios

 

Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis:

Si con ansia sin igual

solicitáis su desdén,

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia

y luego, con gravedad,

decís que fue liviandad

lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo

de vuestro parecer loco

el niño que pone el coco

y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,

hallar a la que buscáis,

para pretendida, Thais,

y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro

que el que, falto de consejo,

él mismo empaña el espejo,

y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén

tenéis condición igual,

quejándoos, si os tratan mal,

burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana;

pues la que más se recata,

si no os admite, es ingrata,

y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis

que, con desigual nivel,

a una culpáis por cruel

y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada

la que vuestro amor pretende,

si la que es ingrata, ofende,

y la que es fácil, enfada?

Mas, entre el enfado y pena

que vuestro gusto refiere,

bien haya la que no os quiere

y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas

a sus libertades alas,

y después de hacerlas malas

las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido

en una pasión errada:

la que cae de rogada,

o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,

aunque cualquiera mal haga:

la que peca por la paga,

o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis

de la culpa que tenéis?

Queredlas cual las hacéis

o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,

y después, con más razón,

acusaréis la afición

de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo

que lidia vuestra arrogancia,

pues en promesa e instancia

juntáis diablo, carne y mundo.

 

 

 

 

 

 

 

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