Crisólogo, Roxana

 07 de junio de 2008

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Gracias Roxana por tu colaboración

 

 

Roxana Crisólogo Correa, poeta y activista, como ella misma se define, nace en 1966 en Lima. Cursa estudios de literatura y derecho en su país y derecho internacional y género en Finlandia.

Ha publicado los libros de poemas “Abajo, sobre el cielo” (Nido de Cuervos, Lima, 1999) y “Animal del camino” (Ediciones El Santo Oficio, Lima, 2001). y mantiene inédito "el Diario de Ludy D".

 

Es cofundadora de Piedra Encadenada al Aire, Colectivo de Arte, Cultura y Agitación.  Y actualmente es coordinadora de la Red por la Democratización Global con sede en Lima, Perú.

 

El el ruedo agitado - el agustino

 

 

el agustino


lo que yo llamo cielo y es tierra

y todas las noches ocupa un espacio distinto al de los cielos

y se extiende sobre un paño de noche elegante

y vive como las fogatas de los castillos conquistados

                                                                                     allá arriba

y deja escapar anillos de luz    simples bocanadas de gente

innumerables   miles    no podría contar cuántas veces

me perdí en el cielo      yo que creí que pisaba tierra

empecé a enumerar sus escalones desvanecidos

con tanta facilidad por la gente que al pisarlos

los duplica los triplica y pienso que es la velocidad

-alucinaciones de estómago vacío-       de trabajo

mecánico y a tiempo completo    sin vacaciones

con vacaciones -sin goce de haber-

o sólo el caos en un mundo que no es

cielo ni tierra    entre tierra y cielo    cielo y tierra

hay un lugar común de seres indiferenciables que bien

                                                                                        observo

con este cucurucho que quiere  -intenta-  ser mi único

microscopio o mirador oficial sin asomarme a la ventana

del  micro    aunque la gente grite    Me ordene

cordura    razón    para no mirar    nuevamente

                                                                              verme

indefenso en un mundo que no podría domeñar solo

                                                               Ese día casi toqué el cielo

porque su olor a tierra sudada o lo que sea se impregnó

en mi chompa en mis cabellos quedó un poco del polvo abigarrado

de su alimento    mi lengua también saboreó

la acidez segura de sus suburbios celestes    y no dejé

de parpadear cuando quise contar cada lucecita suya

en la inmensidad  -ya me estaban tragando-

                                   Si no fuera por estos golpes

torpes ininterrumpidos de chofer por esa voz ronca de vaso vacío

(solo) que desde su arriba  me recordó que  simplemente  estaba

                                                                                              abajo

(del libro Abajo sobre el cielo)

 

 

En el ruedo agitado

 

En el ruedo agitado

de idas y vueltas    contrariada

pesca sin fin milagrosa en el umbral del lago

en la iglesia ortodoxa todos de pie evocan esa humilde

casa de huérfanos en Iráq

 

cuántos olores oscilan en el astillero para reconciliarse 

recuerdo la oscuridad mellada por el paso de las botas

famélicos   desorbitados ojos que un cuervo pasea

en el coro rampante de insectos

para dar paso al corazón

 

entre brazos que acomodados distiguen los almendros

de los rostros distendidos en los

focos de las lámparas  

cuando el tren persigue el albedrío de la nieve

y se estrella en la cabeza de un árbol

 

nombres sobre todo

los tatuajes de las piedras 

los cartones de lino que son vestidos de sogas

hamacas donde recostar el cuerpo

pensar que el camino ha sido largo

ha valido la pena estrellarse contra la pared

rebuscar en las sombras

la señal de identidad   el rasguño   la crin

 

sin confesiones ni el embarazo que de a luz el exilio

que no es hacer un recuento del espacio de quién sabe quién

en una celda contando cómo fue tumbándose tras las órdenes

mutilando su sexo   la corteza   el muñón  

aquella noche de Serbia   y su mañana en Lima

 

   agonizantes niños de Iráq

cuya comparación más exacta es el mundo  

que espera abotagado en la banca

con tantos o más dedos que contar 

en los inhabitables edificios de la mente

   volados por innumerables bombas  

violados por innumerables hordas

                 aquella noche montada en un pájaro salvaje.

  (de Animal del Camino)

 

 

 

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