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Gracias
Roxana por tu colaboración

Roxana Crisólogo Correa, poeta y activista, como ella
misma se define, nace en 1966 en Lima. Cursa estudios de literatura y derecho en
su país y derecho internacional y género en Finlandia.
Ha publicado los libros de poemas “Abajo, sobre el cielo” (Nido de Cuervos,
Lima, 1999) y “Animal del camino” (Ediciones El Santo Oficio, Lima, 2001). y
mantiene inédito "el Diario de Ludy D".
Es cofundadora de Piedra Encadenada al Aire, Colectivo de
Arte, Cultura y Agitación. Y actualmente es coordinadora de la Red por la
Democratización Global con sede en Lima, Perú.
El el ruedo agitado -
el agustino

el agustino
lo que yo llamo cielo y es tierra
y todas las noches ocupa un espacio distinto al de los cielos
y se extiende sobre un paño de noche elegante
y vive como las fogatas de los castillos conquistados
allá arriba
y deja escapar anillos de luz simples bocanadas de gente
innumerables miles no podría contar cuántas veces
me perdí en el cielo yo que creí que pisaba tierra
empecé a enumerar sus escalones desvanecidos
con tanta facilidad por la gente que al pisarlos
los duplica los triplica y pienso que es la velocidad
-alucinaciones de estómago vacío- de trabajo
mecánico y a tiempo completo sin vacaciones
con vacaciones -sin goce de haber-
o sólo el caos en un mundo que no es
cielo ni tierra entre tierra y cielo cielo y tierra
hay un lugar común de seres indiferenciables que bien
observo
con este cucurucho que quiere -intenta- ser mi único
microscopio o mirador oficial sin asomarme a la ventana
del micro aunque la gente grite Me ordene
cordura razón para no mirar nuevamente
verme
indefenso en un mundo que no podría domeñar solo
Ese día casi toqué el cielo
porque su olor a tierra sudada o lo que sea se impregnó
en mi chompa en mis cabellos quedó un poco del polvo
abigarrado
de su alimento mi lengua también saboreó
la acidez segura de sus suburbios celestes y no dejé
de parpadear cuando quise contar cada lucecita suya
en la inmensidad -ya me estaban tragando-
Si no fuera por estos
golpes
torpes ininterrumpidos de chofer por esa voz ronca de vaso
vacío
(solo) que desde su arriba me recordó que simplemente
estaba
abajo
(del libro Abajo sobre el cielo)

En el
ruedo agitado
En el ruedo agitado
de idas y vueltas contrariada
pesca sin fin milagrosa en el umbral
del lago
en la iglesia ortodoxa todos de pie
evocan esa humilde
casa de huérfanos en Iráq
cuántos olores oscilan en el astillero
para reconciliarse
recuerdo la oscuridad mellada por el
paso de las botas
famélicos desorbitados ojos que un
cuervo pasea
en el coro rampante de insectos
para dar paso al corazón
entre brazos que acomodados distiguen
los almendros
de los rostros distendidos en los
focos de las lámparas
cuando el tren persigue el albedrío de
la nieve
y se estrella en la cabeza de un árbol
nombres sobre todo
los tatuajes de las piedras
los cartones de lino que son vestidos
de sogas
hamacas donde recostar el cuerpo
pensar que el camino ha sido largo
ha valido la pena estrellarse contra la
pared
rebuscar en las sombras
la señal de identidad el rasguño la
crin
sin confesiones ni el embarazo que de a
luz el exilio
que no es hacer un recuento del espacio
de quién sabe quién
en una celda contando cómo fue
tumbándose tras las órdenes
mutilando su sexo la corteza el
muñón
aquella noche de Serbia y su mañana
en Lima
agonizantes niños de Iráq
cuya comparación más exacta es el
mundo
que espera abotagado en la banca
con tantos o más dedos que contar
en los inhabitables edificios de la
mente
volados por innumerables bombas
violados por innumerables hordas
aquella noche montada
en un pájaro salvaje.
(de
Animal del Camino)
