Coronado, Carolina

 07 de junio de 2008

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Carolina Coronado nace en el año 1823 en  un pueblo de Badajoz llamado Almendralejo.

 

Poeta precoz, con sólo trece años  se dio a conocer en el ámbito literario, con la aparición de un poema en una revista, que causó la fascinación del ya consagrado José de Espronceda, entre otros. Convencida liberal, su familia fue perseguida por los fernandinos, y la poeta se involucró rápidamente en la vida política y cortesana del Madrid del siglo XIX. Por un lado amiga íntima de la reina Isabel II, por otro, militante feminista y liberal, ingresa en el movimiento romántico español como una de las más avanzadas voces del mismo. Mujer apasionada y comprometida,  en su larga vida el azar le depara los más diversos avatares. En 1844 es considerada muerta y está a punto de ser enterrada baja un ataque de catalepsia. Se enfrenta a la intelectualidad conservadora que ve con malos ojos la labor creativa de la mujer, tema que aborda en exitosas novelas como "Jarilla" (1851), "La Sigea" (1854), "Páginas de un diario" (1873) y "La rueda de la desgracia (1873). Viajera incansable, hace las Américas, donde conoce a su marido. Publica valiosos y arriesgados ensayos, como los titulados "Galería de poetisas contemporáneas", lo que le valió la enemistad de sus contemporáneos masculinos, que utilizan por primera vez el término poetisa en sentido despectivo, o el ensayo "Santa Teresa y Safo", que le procuró tantos enemigos como partidarios. Publicó un solo ejemplar con la recopilación de su obra poética, muy prolífica, que fue ampliando paulatinamente (1843, 1852, 1872). Amargada por el olvido de su obra, los últimos años de su vida fue atacada por rachas de locura; obsesionada por la muerte, tal vez por el episodio de catalepsia sufrido a sus 21 años y su despertar literalmente en la tumba, al fallecer su marido convirtió el armario de su dormitorio en hornacina y sepulcro del mismo. Hasta su muerte, en 1911, necesitó cuidados médicos y psiquiátricos. Es sin duda una de las voces más desmedidas y valiosas de la poesía española.

 

Fallece en Mitra, Portugal, en el año 1911.

 

 

 

 

El Marido Verdugo

 

 ¿Teméis de esa que puebla las montañas

turba de brutos fiera el desenfreno?...

¡más feroces dañinas alimañas

la madre sociedad nutre en su seno!

 

Bullen, de humanas formas revestidos,

torpes vivientes entre humanos seres,

que ceban el placer de sus sentidos

en el llanto infeliz de las mujeres.

 

No allá a las lides de su patria fueron

a exhalar de su ardor la inmensa llama;

nunca enemiga lanza acometieron,

que otra es la lid que su valor inflama.

 

Nunca el verdugo de inocente esposa

con noble lauro coronó su frente:

¡Ella os dirá temblando y congojosa

las gloriosas hazañas del valiente!

 

Ella os dirá que a veces siente el cuello

por sus manos de bronce atarazado,

y a veces el finísimo cabello

por las garras del héroe arrebatado.

 

Que a veces sobre el seno transparente

cárdenas huellas de sus dedos halla;

que a veces brotan de su blanca frente

sangre las venas que su esposo estalla.

 

¡Y que ¡ay! del tierno corazón llagado

más sangre, más dolor la herida brota,

que el delicado seno macerado,

y que la vena de sus sienes rota!...

 

Así hermosura y juventud al lado

pierde de su verdugo; así envejece:

así lirio suave y delicado

junto al áspero cardo arraiga y crece.

 

Y así en humanas formas escondidos,

cual bajo el agua del arroyo el cieno,

torpes vivientes al amor uncidos

la madre sociedad nutre en su seno.

 

 

 

 

 

 

 

 

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