
A -
B - C -
D - E -
F -
G - H - I
-
J - K
- L -
M - N - O
P - Q - R -
S - T - U
-
V - W - X - Y
- Z


Carmen Conde Abellán nació en Cartagena (España) en 1907.
Poeta, ensayista, crítica literaria , autora de cuentos y
teatro, guionista de televisión, feminista militante y comprometida.
Es la primera mujer que ingresa en la Real Academia de la
Lengua Española, en 1978.
Con el nombre de Florentina del Mar firmó varios libros de
prosa y de literatura infantil.
Entre los premios obtenidos, se destacan el premio
Internacional de Poesía en 1951, el premio de
Novela Elisenda de Moncada en 1953, el Premio Internacional de Poesía Simón
Bolívar en 1957, el premio Doncel 1960 y el Premio Nacional de Literatura en
1966.
Su obra poética se resume en la antología titulada «Obra poética» que abarca
obras de los años 1929-1966 y las publicaciones «Brocal», «Poemas a María»,
«Corrosión», «La noche oscura del cuerpo», «En la tierra de nadie», «Los
poemas del mar Menor», «A este lado de la eternidad», «Cancionero de la
enamorada» y «El tiempo es un río lentísimo de fuego».
Falleció en Madrid en el año de 1996.
Entrega -
Voy ausentándome de mí -
Hallazgo
Ausencia del amante -
Primer amor

Primer amor
¡Qué sorpresa tu cuerpo, qué inefable vehemencia!
Ser todo esto tuyo, poder gozar de todo
Sin haberlo soñado, sin que nunca
Un ligero esperar prometiera la dicha,
Esta dicha de fuego que vacía tu testa,
Que te empuja de espaldas,
Te derriba a un abismo
Que no tiene medida ni fondo.
¡Abismo y sólo abismo
De ti hasta la muerte!
¡Tus brazos!
Son tus brazos los mismos de otros días,
Y tiemblan y se cierran en torno de su cuerpo.
Tu pecho, el que suspira, ajeno, estremecido
De cosas que tú ignoras,
De mundos que lo mueven...
¡Oh pecho de tu cuerpo, tan firme y tan sensible
Que un vaho lo pone turbio
Y un beso lo traspasa!
¡Si nunca nadie dijo que así se amaba tanto!
¿Podías tú esperar que ardieran tus cabellos,
Que toda cuanta eres cayeras como lumbre
En un grito sin cifra,
Desde una cordillera gritada por la aurora?
¿Ceniza tú algún día? ¿Ceniza esta locura
Que estrenas con la vida recién brotada al mundo?
¡Tú no te acabas nunca, tú no te apagas nunca!
Aquí tenéis la lumbre, la que lo coge todo
Para quemar el cielo subiéndole la tierra.

Ausencia del amante
He vuelto por el camino sin yerba.
Voy al río en busca de mi sombra.
Qué soledad sellada de luna fría.
Qué soledad de agua sin sirenas rojas.
Qué soledad de pinos ácidos, errantes...
Voy a recoger mis ojos
abandonados en la orilla.

Hallazgo
Desnuda y adherida a tu desnudez.
Mis pechos como hielos recién cortados,
en el agua plana de tu pecho.
Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
Y tú, flotante en mi desnudez.
Alzaré los brazos y sostendré tu aire.
Podrás desceñir mi sueño
porque el cielo descansará en mi frente.
Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
Navegaremos juntos, tú serás mi vela
y yo te llevaré por mares escondidos.
¡Qué suprema efusión de geografías!
Tus manos sobre mis manos.
Tus ojos, aves de mi árbol,
en la yerba de mi cabeza.

Entrega
Guardaré mi voz en un pozo de lumbre
y será crepúsculo toda la vida.
Ya girarán más leves los cuchillos
porque no encontrarán dónde herirme.
Erguida de rocíos negros,
para ti cantaré.
¡Que no me busquen los sin vista,
que no me llamen los ahogados,
que no me sientan los que huyo!
A mi soledad de reflejos,
amor,
sólo tú.

Voy ausentándome de mí
Voy ausentándome de mí.
Poco a poco, el lastre de ensueño cede
su sitio a la realidad doble
que es mi vida en transcurso.
¡otro ser dentro de mi carne
fragua su carne, su piel,
su corazón diminuto, mi estrella!
Asisto a la escisión silenciosa
con pasmo anhelante, con gozo
nuevo de verme en otros ojos míos,
de mis ojos hechos,
de mi sangre coloreados,
¡ay!, de toda cuanta soy.
Día por día el latido
es golpe que me recuerda, urgente,
valor que no tengo,
heroísmo que nunca soñé.
Y temo por el que estoy creando
en convenido misterio
dentro de mi soledad sin orillas
cerca de mi corazón,
su estrella .
