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Ernestina de Champourcín nace en Victoria, en el año 1905.
Juanramoniana
convencida, sus temas y sensibilidad son muy afines a la poética del de Moguer.
Una de las pocas mujeres incluidas en las antologías poéticas de la época,
participó activamente en la vida intelectual de su tiempo, sobre todo con
colaboraciones para los periódicos y revistas como "La Gaceta
Literaria", "Manantial", "Mediodía",
"Sudeste", "Héroe", etc. Directora y fundadora de la revista
femenina "Rueca", de 1942 a 1945, colaboró también en la revista
"Romance" y en la tercera época de "Litoral". Salvo
una tentativa novelística, con el título de "La casa de enfrente"
(1936), el grueso de su obra poética, que es la que le dio relevancia, está
compuesta por los libros "El silencio" (1926), "Ahora"
(1928), "La voz en el viento" (1929), "Cántico
inútil" (1936), "Presencia a oscuras" (1953), "El nombre
que me diste" (1960), "Cárcel de los sentidos (1964), "Hai-Kais
espirituales" (1967), "Cartas cerradas" (1968), "Poemas del
ser y del estar" (1970), "Primer exilio" (1978), "La ardilla
y la rosa" (1981), "Poemillas navideños" (1983), "La pared
transparente" (1984), "Huyeron todas las islas" (1988), "Los
encuentros frustrados" (1991) y finalmente "Del vacío y sus
dones" (1993).
Fallece el año 1999 en Madrid, 1999.
Te esperaré - La
voz en el viento -
Seré tuya sin tí -
Primavera - Tú no sabes
aún...

Tú no sabes aún
Tú no sabes aún que he cercado tu orilla,
que sueñas por la noche el color de mis ojos,
que tus manos en sombra
dirigen su tanteo hacia mi soledad.
¡Ignóralo así siempre!
Yo agolparé tinieblas en el limpio sendero
que hollan las verdades.
Plegaré la inconsciencia como una venda inmóvil
sobre tu laxitud.
Nunca sabrás que en ti la fuerza se desnuda
para erguir hasta el cielo el soplo de mi vida.
Que tus labios se mueven al encuentro de un beso
modelado en mi boca por tu ardiente obsesión.
Ignóralo, y así desechará mi gesto
la rígida cautela que detiene el impulso,
e invadiré gozosa la atmósfera profunda
que arrebata en su cauce lo más puro de ti.

Primavera
¡Toda la primavera dormía entre tus manos!
Iniciaste en un gesto la fiesta de las rosas
y erguiste, enajenada,
esa flecha de luz que impregna los caminos.
¡Toda la primavera!
Fervores del instante transido de capullos,
gracia tímida y leve del perfume sin rastro,
caricias que despiertan el sexo de las horas.
Brotaron de tus palmas en éxtasis gozoso
los trinos y las brisas. Y tu ademán secreto
despertó en rubores la pubertad del mundo.
¡Todo vino por ti! Porque tus manos lentas
ciñeron brevemente mi carne estremecida,
porque al rozar mi cuerpo
despertaste una flor que trae la primavera.

Seré tuya sin tí
Seré tuya sin tí el día que los sueños
alejen de mi senda tu mente creadora,
el día que tu sed
no pueda limitarse al hueco de mis manos.
¡Seré tuya aún sin tí! Dejaré de mecerte
en la cuna encendida que tejieron mis besos.
Se borrará en tus labios la forma de los míos,
y el cielo de tu vida
tendrá un color distinto al de mi corazón.
Pero sabré ser tuya sin nublar tu camino
con la huella indecisa de mi andar solitario.
Me ceñiré a tu sombra, y anudada por ella,
te iré dando en silencio lo más puro de mí.
¡Con qué amarga dulzura repetiré, ya sola,
esos gestos antiguos que pulió tu mirada!
Me seguirás teniendo igual que me quisiste
y acunaré en secreto tu amor eternizado.

Te esperaré
Te esperaré apoyada en la curva del cielo
y todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.
Te esperaré desnuda.
Seis túnicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.
Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inasible.
Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre.

La
voz en el viento
Búscame en ti. La flecha de mi vida
ha clavado sus rumbos en tu pecho
y esquivo entre tus brazos el acecho
de las cien rutas que mi paso olvida.
Despójame del ansia desmedida
que abrasaba mi espíritu en barbecho.
El roce de tus manos ha deshecho
la audacia de mi frente envanecida.
Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte
del silencio total. Avida muerte
donde renacen, tuyos, mis sentidos.
Ahoga entre tus labios mi tristeza,
y esta inquietud punzante que ya empieza
a taladrar mi sien con sus latidos.
