Castro, Luisa

 07 de junio de 2008

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Luisa Castro Legazpi nació en Foz, Lugo (España), en 1966 y es licenciada en Filología Hispánica.

 

En 1984 publica su primer libro de poemas, "Odisea definitiva: Libro Póstumo". En 1986 obtiene el primer premio de poesía Hiperión con "Los versos del Eunuco", publicado ese mismo año. Su siguiente libro será "Baleas e Baleas", 1988, que es su primera obra en gallego. Ese mismo año publica la plaquette "Los seres vivos". Gana en 1988 el VI Premio Rey Juan Carlos de Poesía por su obra "Los Hábitos del Artillero". Su último libro publicado es "Amor mi señor" en la Editorial  Tusquets, 2005.

 

En 1990 publica su primera novela "El somier", finalista del VIII Premio Herralde de Novela. Ha vivido en Santiago de Compostela, y en Madrid donde reside actualmente y desarrolla su faceta como articulista de prensa.

 

Las montañas cristalizan en mil años  -  Filosofía de María

Yo no quise ser mendigo...
 

 

YO no quise ser mendigo,
pero, ¿adónde van a parar
las preguntas que no se contestan?,
me pregunto yo.

Preguntar es pedir asilo,
preguntar es franquear la puerta
de un país aterido.

Los locos son esos que vagan
buscando respuestas.

"Amor mi señor", 2005

 

 

Filosofía de María

I

A tiempo estás, todavía eres joven
para hacer de tus días algo puro y hermoso
que remanse el corazón
y a ti misma te agrade
como agua de una fuente que limpia la garganta
pero aquello que dejó su marca para siempre
en la más tierna edad,
lo que fue delineando las rayas de tu frente,
el daño que agrietó tu integridad
y la volvió contra ti
y te hizo la peor de tus enemigas,
que con saña y con rabia anegó
la tierra verdadera donde pisabas firme
hasta alcanzar el fondo
sin tener felicidad; Aquello que maldijiste y rechazaste
de palabra y de hecho,
que tiempo te llevó odiar y combatir
y que te llevó fuerzas y no te dio descanso, con hierro y con harina olvídalo.
Porque la lucha es trabajo
que debe terminar allí donde comienza
y ya el cuerpo se ocupa,
pero que no ocupe la mente
pues soldados hay que nunca están pagados
de ver bullir la sangre
y de esto hacen oficio
y de esto comen
y de esto dan de comer,
y otros hay que combatiendo la infamia
Desde la mañana a la noche
sin otra cosa no viven
y no con otra se acuestan.
Peligros tiene la guerra y ese es uno:
aprender la estrategia del enemigo,
empuñar sus armas,
acabar por vestir su chaleco.
Y otro aún más grande
Que es perder la vida.
Y aún el peor de todos
que es la avaricia de sangre
y de los tristes himnos de la victoria
que sólo a los cobardes infunden valor
y hacen llorar a los niños,
avergonzarse a las mujeres
y a los viejos Desear la muerte.

II

Un corazón de harina
debieras ser.
Toda de harina por dentro
y por fuera de hierro.
Que la lluvia y el viento y todo lo que va hendiendo
cada capa de piel
lo sepulte un blando corazón de harina,
lo guarde un cajón secreto.
Nada pase hacia dentro
que no atraviese la dura armazón de hierro.
Quede en la corteza lo que el corazón no ama,
no pase hacia dentro lo que rompe el corazón.
 

 

 

 

Las montañas cristalizan en mil años
 

Las montañas cristalizan en mil años

y el mar gasta un centímetro a la tierra
cada dos milenios,
horada el viento la roca
en cuatro siglos
y la lluvia,
también la lluvia se toma su tiempo para caer.

Se paciente con mi corazón
que suspira por una obra duradera.
Como el viento,
como la lluvia,
también mi corazón
se toma su tiempo para caer.

 

 

 

 

 

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