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Pureza Canelo nació en Moraleja (Cáceres) en 1946.
Irrumpió en el panorama poético en 1970. En ese año le fue
concedido el Premio Adonais de poesía por su libro “Lugar común”. Un premio
que, según reflexiona ahora, abrió las puertas a otras mujeres poetisas. En
esa época, cuenta, 'el premio se le concedía sólo a hombres', y que se lo
dieran a ella fue 'un poco escandaloso'.
En 1975 se le concede una beca Juan March de Creación Literaria para el
libro en ciernes Habitable. Primera Poética, y la crítica distingue este
poemario con el Premio de Poesía Juan Ramón Jiménez del Instituto Nacional
del Libro Español 1980. Recibe en 1981 el Premio de Cuentos Sara Navarro por
La encina dulce. En 1982 el Ministerio de Cultura le concede una Beca de
Ayuda a la Creación Literaria. Con No escribir obtuvo el II Premio de Poesía
Ciudad de Salamanca 1998.
Quienes la conocen a hablan de ella como una poeta cuya voz está fielmente
apegada a sus raíces y a su cotidianeidad. Cuando le preguntan, Pureza va un
poco más allá, indaga en sus sentimientos y se desvela profundamente
reflexiva. 'Mi poesía es de rasgos intimistas y filosóficos; en ellos se
refleja mi soledad frente al mundo, aunque, paradójicamente, soy una mujer
de gestión social y cultural', dice con un cierto aire de dulzura.
Su obra poética es casi tan extensa como los reconocimientos que ha obtenido
a lo largo de su trayectoria. Uno de ellos está en Moraleja, su pueblo
natal. Allí, tanto la biblioteca como una de las calles llevan su nombre.
Paralelamente a su oficio de escritora, Canelo dedica sus días a la
Fundación Gerardo Diego, de la que es directora gerente. Ahora prepara la
publicación de las obras completas de Diego. 'Queremos mostrar la crítica
literaria del poeta. Esa faceta desconocida en la vida del gran escritor'.
Iba llegando
la transparencia -
Pelea
Agua

Agua
Atrévete conmigo a engancharte la mirada
de musgos flotadores y margaritas breves
en la suave curva del arroyo para beber
de aquella mano que provocó volcán y amor
porque abril tomaba lo que el amor pedía.
Abril y Mayo y Siempre
ven a encharcarte la mirada
de aquel comienzo y chapoteo tan claros
cuando el abrazo tendido entre el poleo
era la ternura más antigua de la tarde
Pavores que fueron solo raza de agua pura.
Nombre huidos de las plazoletas sumisas
para corriendo adentrarse en el primer olivo
de la pasión más cerca al campanario
conjugada por todos los sueños venideros.
Todavía recuerdo, cuerpo mío, tu cesta:
mirar de reojo, atrévete abril, colores,
remanso, oración, grandeza honda y Agua.
Así heredé capacidad del mundo que después tomó
camino y reflexión aunque no hubiera primaveras.
Insistencia del eco que tiempo adelante
Comprendió su vértice, y placidez y anchura.
Pero, ay, por encima del sabor, estuvo allí, la VIDA.

Pelea
No en vulgar cocina
ni en huerto disimulando
tender ropa como la vida
y tampoco en un espejo
que causa bobo dolor al rostro
Me he ido a llorar suave
hasta el tronco
de mi árbol espíritu y carne
mientras tú con el eclipse
de quien pierde tacto e inteligencia
seguías batiendo razones del desamor
miseria de la que yo me esfumo.
Y desde el árbol grande
a quien estoy perfectamente
tú no
acostumbrada a abrazar subirme

Iba llegando la
transparencia
sobre hombros desnudos
lo mismo que en todos los lugares
a paso de amanecida
nuestros labios.
Recuerda
han sido tantos días
que de la conjunción zarpamos
en nuestras vidas al amanecer
y embarcó el cielo en su mar
yendo y viniendo
como tú a mi playa.
