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Elizabeth Bishop nació en Worcester (Massachussets), en 1911.
Huérfana de padre desde muy joven y con su madre recluída en un psquiátrico,
tuvo una infancia dura al cargo de parientes. Sus constantes viajes a Francia,
Norte de Africa, España, Irlanda y Brasil, nutrieron su obra poética.
Fue editora de poesía del semanario “The Nation” y Consultora de Poesía de la
Biblioteca del Congreso.
En 1955 recibió el Premio Pulitzer y en 1965 el National Book Award. Fue
profesora en la Universidad de Harvard y en la de Nueva York.
Publicó ocho libros que suman unos cien poemas: “North and South” (1946),
“Poems: North and South, A Cold Spring” (1955), “Poems” (1956), “Questions of
Travel” (1965), “The Ballad of the Burglar of Babylon” (1968), “The Complete
Poems” (1969), “Poem” (1973), “Geography” III (1977).
Póstumamente fue publicada una recopilación “The Complete Poems: 1927-1979”
(1983).
Murió en 1979.
+ Sobre esta poeta en Aproximación al lesbianismo a través de la literatura
One art - Un Arte

One art
The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.
Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.
Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.
I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.
I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.
Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.
Un arte
Dominar el arte de la pérdida no es complicado;
cuántas cosas parecen estar hechas con el propósito
de que se pierdan que su pérdida no es un desastre.
Pierde cada día algo. Acepta la emoción
de perder las llaves de casa, esa hora que pasa tontamente.
Dominar el arte de la pérdida no es complicado.
Ahora ve más lejos, pierde con más rapidez:
lugares, nombres, y donde fuera que pretendieras
viajar. Nada de esto te traerá un desastre.
Yo perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! También la última
o penúltima de mis tres adoradas casas se esfumó.
Dominar el arte de la pérdida no es complicado.
Perdí dos ciudades, entrañables ambas. Y, lo que es peor,
un par de reinos que me pertenecían, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.
Incluso perderte (tu voz cariñosa, ese gesto
que amo) me moverá a engaño. Es evidente
que dominar el arte de la pérdida no es tan complicado;
aunque (¡Toma nota!) pueda parecer un desastre.
Traducción: Ángel Gómez Espada
