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Gracias Esther por tu colaboración

Esther
Andradi nació en Ataliva, Argentina, es Licenciada en Ciencias de la
Comunicación, vivió en Lima (Perú) donde ejerció el periodismo escrito y
publicó el libro de testimonios “Ser mujer en el Perú” en coautoría con Ana
María Portugal. Ha publicado novela, cuento, ensayo y poesía así como
numerosos reportajes. Ha sido traducida al inglés y al alemán. Reside en
Berlín donde escribe para publicaciones culturales y literarias de
Argentina, América Latina, Europa y USA. Traduce poesía y teatro del alemán
al español.
Página de Esther
Andradi

LA ILÍACA
Apuntes autobiográficos
(fragmento)
En
Alejandría me desollaron viva: con erizos una turba arrancó mi piel
después
de asaltarme en nombre de su dios,
en su
honor quemaron la Biblioteca, bien dicen que las llamas apaciguan a las
fieras, cenizas al viento, y jamás hubo quien pudiese reproducir mis
papiros; también a mis discípulos hirvieron en el odio,
desde
entonces el fuego viene escribiendo mis memorias
En Tebas
un toro hundió su guampa en mi pelvis frente a un coro de fanáticos que me
había llevado hasta allí para condenar de esa forma y para siempre la
rotación de mis caderas,
mientras
me desangraba apostaban sus tesoros entre ellos por saber si me había
gustado y alguno que otro me musitó al oído su gangosa apetencia,
así
veneraron los nobles mis poderes
En Europa
el potro se comía mi carne a dentelladas
y en
China mis pies eran reducidos a lágrima viva
recortados-asfixiados-calibrados por torturadores de gota gorda que
anhelaban un instrumento para atenuar sus hemorroides
Alejandro
se ensañó con los hijos de mi vientre cuando me negué a bailar para la
tropa, y varios generales cuyos nombres ya son pasto del olvido arrojaron
sus excrecencias sobre mi piel mientras amamantaba,
la pira
que elevaron con los cuerpos de mi prole incendió el aire con ácido de miedo
me
taparon la boca con hierros candentes, con cal viva cosieron mis oídos, con
conchas de nácar desgarraron mi piel, con sus espadas reventaron mis ojos,
penetraron con sus hedores mis narices pero no pudieron aniquilarme ni
matarme ni dormirme ni mutilarme ni rendirme ni pudrirme ni dispersarme ni
desarmarme ni contagiarme ni eliminar de una vez y para siempre el deseo de
mí que hierve en todos sus cuerpos desde que estoy y soy como he sido con
pasión y memoria
porque
también es cierto que en oriente mi vacío inspiró templos sagrados, en
Delfos mi matriz narraba el futuro, Afrodita llamó Histeria a sus orgías
para celebrarme y hasta la nave central de las construcciones del dios de
occidente evoca mi centro sin nombrarlo
y si es
verdad que en las células viene escrito el preceder, el placer de conocer
está grabado en todos los idiomas de esta casa mía, aún bloqueados los
muros, cerradas sus puertas, el derrumbe sin embargo no es cosa de
encantamiento, miles y miles de años acunando sabiduría no es un día ni un
mes,
vuelvo
ahora para marcar territorio, a zambullirme entre hemisferios,
a soñar
en varias dimensiones el devenir, ávido por recuperar la vibración de mis
oídos,
sordo de
tanto ruido
recurro
al trípode de mis huesos, incinerado, muerto y sepultado y sin poder
callarlo, entre cada minuto-segundo-instante cuando el latido reproduce en
mi interior el engranaje que me condena y salva, me arroja y sostiene, me
embellece y asombra, rotación del tiempo, detenido y quieto,
y vuelvo
a rodar por mis caderas en este punto donde traigo al mundo el mundo,
arco
donde amanece, ilión que abre paso a la criatura, clavícula destinal,
pendiente de hueso
ésta es
mi ilíaca, compositora de música sin que alguien la entone, dueña del himno
que nadie canta, origen de la palabra que no la nombra, generadora de la
historia que no la recuerda, materia oscura que se danza el universo,
ésta es
mi ilíaca,
tómala si
puedes, quémate los dedos, piérdete en mi saqueo, gózate con mi leyenda,
aquiétate en las aguas de mi sangre y espera a que te alumbre ahora y en la
hora de esta biografía:
Tengo dolores de parto. Mi hija nacerá hoy de estos
escombros, mi cuerpo vuelve a cumplir veinte como tenía ella cuando se la
llevaron, y aquí estoy yo, una doña como me llaman mis vecinas, un trasto
inútil para el patrón que me despide, una loca perdida para el milico que
me golpea, una señora admirable según mi viejo que en paz descanse. Yo sigo
regando malvones. Si mañana graniza, no me importa, los meteré adentro. Y
que viva la noche. Me desabrocho la blusa. Como mi hija en primavera.
Sumerjo los pies en la palangana con agua caliente. Como mi hija en
invierno. Rezo las palabras secretas. Como mi hija en silencio. Y que viva
el sol. Me pongo un sombrero para pasar el verano. Como mi hija. Por mi
hija. La que nació un día de mí. La que nace de mí otra vez mientras sigo
cumpliendo siglos
Nota
Ilion:
hueso que forma el saliente de la cadera, el cual junto al isquion y el
pubis forma el llamado “hueso innominado o iliaco”
(María Moliner,
Diccionario de uso del español)
