Andradi, Esther

 06 de junio de 2008

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Gracias Esther por tu colaboración

 

Esther Andradi nació en Ataliva, Argentina, es Licenciada en Ciencias de la Comunicación, vivió en Lima (Perú) donde ejerció el periodismo escrito y publicó el libro de testimonios “Ser mujer en el Perú” en coautoría con Ana María Portugal. Ha publicado novela, cuento, ensayo y poesía así como numerosos reportajes. Ha sido traducida al inglés y al alemán. Reside en Berlín donde escribe para publicaciones culturales y literarias de Argentina, América Latina, Europa y USA. Traduce poesía y teatro del alemán al español.

Página de Esther Andradi
 

LA ILÍACA

Apuntes autobiográficos

(fragmento)

 

En Alejandría me desollaron viva: con erizos una turba arrancó mi piel

después de asaltarme en nombre de su dios,

en su honor quemaron la Biblioteca, bien dicen que las llamas apaciguan a las fieras, cenizas al viento, y jamás hubo quien pudiese reproducir mis papiros; también a mis discípulos hirvieron en el odio,

desde entonces el fuego viene escribiendo mis memorias

 

En Tebas un toro hundió su guampa en mi pelvis frente a un coro de fanáticos que me había llevado hasta allí para condenar de esa forma y para siempre la rotación de mis caderas,

mientras me desangraba apostaban sus tesoros entre ellos por saber si me había gustado y alguno que otro me musitó al oído su gangosa apetencia,

así veneraron los nobles mis poderes

 

En Europa el potro se comía mi carne a dentelladas

y en China mis pies eran reducidos a lágrima viva

recortados-asfixiados-calibrados por torturadores de gota gorda que anhelaban un instrumento para atenuar sus hemorroides

 

Alejandro se ensañó con los hijos de mi vientre cuando me negué a bailar para la tropa, y varios generales cuyos nombres ya son pasto del olvido arrojaron sus excrecencias sobre mi piel mientras amamantaba,

la pira que elevaron con los cuerpos de mi prole incendió el aire con ácido de miedo

 

me taparon la boca con hierros candentes, con cal viva cosieron mis oídos, con conchas de nácar desgarraron mi piel, con sus espadas reventaron mis ojos, penetraron con sus hedores mis narices pero no pudieron  aniquilarme ni matarme ni dormirme ni mutilarme ni rendirme ni pudrirme ni dispersarme ni desarmarme ni contagiarme ni eliminar de una vez y para siempre el deseo de mí que hierve en todos sus cuerpos desde que estoy y soy como he sido con pasión y memoria

 

porque también es cierto que en oriente mi vacío inspiró templos sagrados, en Delfos mi matriz narraba el futuro, Afrodita llamó Histeria a sus orgías para celebrarme y hasta la nave central de las construcciones del dios de occidente evoca mi centro sin nombrarlo

 

y si es verdad que en las células viene escrito el preceder, el placer de conocer está grabado en todos los idiomas de esta casa mía, aún bloqueados los muros, cerradas sus puertas, el derrumbe sin embargo no es cosa de encantamiento, miles y miles de años acunando sabiduría no es un día ni un mes,

 

vuelvo ahora para marcar territorio, a zambullirme entre hemisferios,

a soñar en varias dimensiones el devenir, ávido por recuperar la vibración de mis oídos,

sordo de tanto ruido

 

recurro al trípode de mis huesos, incinerado, muerto y sepultado y sin poder callarlo, entre cada minuto-segundo-instante cuando el latido reproduce en mi interior el engranaje que me condena y salva, me arroja y sostiene, me embellece y asombra, rotación del tiempo, detenido y quieto,

 y vuelvo a rodar por mis caderas en este punto donde traigo al mundo el mundo,

arco donde amanece, ilión que abre paso a  la criatura, clavícula destinal, pendiente de hueso

 

ésta es mi ilíaca, compositora de música sin que alguien la entone,  dueña del himno que nadie canta, origen de la palabra que no la nombra, generadora de la historia que no la recuerda, materia oscura que se danza el universo,

 

ésta es mi ilíaca,

tómala si puedes, quémate los dedos, piérdete en mi saqueo, gózate con mi leyenda, aquiétate en las aguas de mi sangre y espera a que te alumbre ahora y en la hora de esta biografía:

  

Tengo dolores  de parto. Mi hija nacerá hoy de estos escombros, mi cuerpo vuelve a cumplir veinte como tenía ella cuando se la llevaron, y aquí estoy yo, una doña como me llaman mis vecinas, un trasto inútil para el patrón que me despide, una loca perdida  para el milico que me golpea, una señora admirable según mi viejo que en paz descanse. Yo sigo regando malvones. Si mañana graniza, no me importa, los meteré adentro. Y que viva la noche. Me desabrocho la blusa. Como mi hija en primavera. Sumerjo los pies en la palangana con agua caliente. Como mi hija en invierno. Rezo las palabras secretas. Como mi hija en silencio. Y que viva el sol. Me pongo un sombrero para pasar el verano. Como mi hija. Por mi hija. La que nació un día de mí. La que nace de mí otra vez mientras sigo cumpliendo siglos

 

  Nota

Ilion: hueso que forma el saliente  de la cadera, el cual junto al isquion y el pubis forma el llamado “hueso innominado o iliaco”

(María Moliner, Diccionario de uso del español)

 

 

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