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Dolors Alberola, nace en 1952 en Sueca (Valencia). Empieza
a estudiar Medicina aunque abandona dicha carrera para obtener el título de
Procuradora de los Tribunales, convirtiéndose en la primera mujer en ejercer
dicha profesión en esa Comunidad.
Residente en Andalucía, colabora como periodista y vive dedicada a la
Literatura.
Ha conseguido diversos premios literarios, el “Bahía” (Algeciras), el Premio
Internacional “Ciudad de Miranda” y el XV Premio “Carmen Conde” de poesía
escrita por mujeres por “Cementerio de Nadas” (1998, Edit. Torremozas) y ha
quedado finalista del Premio Andaluz de la Crítica y del Premio de la
Crítica Valenciana.
Obra poética: “Trizas” (1982), “El medidor de las cosas” (1999), “Historias
del snack bar” (2000), “El vagabundo de la calle Algarve” (2002), “Esa mujer
de Lot” (2004), “Juego de damas” (2004).
También ha sido incluida en varias antologías como “La palabra debida”
(Sevilla, IAM, 2000), “Mujeres de carne y verso, antología poética femenina
en lengua española del siglo XX”, sel. de Manuel Francisco Reina (Madrid,
Esfera Literaria, 2001), “Poetisas españolas. Antología general”, de
Luzmaría Jiménez Faro, tomo IV: de 1976 a 2001 (Madrid, Torremozas, 2002), e
“Ilimitada voz. Antología de Poetas Españolas (1940-2002)”, sel. y estudio
de José Mª. Balcells (Cádiz, UCA, 2003) y “El placer de la escritura o Nuevo
retablo de Maese Pedro” (Cádiz, Universidad, 2005).
Mujer peinándose -
Hierro

Hierro
Y ahora que ya lo sabes,
que has visto este talón de virgen que, descalzo,
te ofrezco en desmesura
y has clavado en mi piel todos los versos
y me has dado la fuerza y me has quitado
de nuevo ese poder.
Y ahora que tú ya sabes,
tan adentro de mí, que existe el fuego
pequeño y asustado de la luz
y que soy débil,
pues mirando este mar me siento nada
y me diluyo abstracta entre la tierra
como un muerto sencillo,
como una alondra muerta que volara,
por debajo de mí, hacia tu mano abierta.
Ahora que ya me puedes
asesinar de un soplo y solamente
me matarás un poco, pues no soy
más que, grisácea y pura, una ceniza.
Ahora, has de saber que la poesía
es la sola razón que me sostuvo.
(Del Poemario "Cementerio de Nadas"
Premio Carmen Conde 1998 de poesía de mujeres)

Mujer peinándose, 1940
"Yo no busco: encuentro".
Pablo Ruiz Picasso
Los pechos se le mueven
al ritmo de las manos.
Esa mujer que roza la tierra con sus glúteos
y, confiada, deja su flor, húmedamente,
contra una superficie adormecida,
trenza su pelo. Es piedra encenagada,
es monstruo deleitoso, es el pincel
cuando llega la hora del amor
y se convierte en hembra.
Dos ojos constelados en una vía láctea
te miran de repente.
Sabes que han de llegar tus labios hasta ellos
y succionar con fuerza hasta hacerla reír,
llorar,
reír,
gemir,
llorar
-su vientre te lo pide con su constitución redonda,
sus costillas, escalonado altar de sus turgencias-.
Se peina grácilmente, se despeina.
Gira a un lado su boca y una lengua
agita para ti.
Te comería –dice, entornando sus labios y dejando
que un polen de saliva muestre avispas,
haga volar deseos de color,
caiga, exactamente, hasta el lugar
que pretende decirte-.
Te comería. Calla.
Sus pechos siguen siendo
un baile a dos vertientes.
De sus turgentes nalgas brota un grito.
Su vulva se estremece,
se entreabre, baila
para dejar la huella en un silencio
que sólo romperán las alas del amor
cuando crucen el cielo de sus aguas.
Se peina dulcemente, se despeina.
Gime,
calla,
señala,
descompone,
te mira,
te enloquece,
moja, habla,
mientras trenza su trenza y se destrenza
su pie por este lado, sus dos piernas
con un cisma de fuego. Tantos labios
vagando por tu piel como avispas picantes.
Se peina contra ti las cordilleras,
las cumbres,
los bajantes...,
cicatrices que habrán de manar sangre,
cuando tú la poseas.
