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Anna Andréyevna Gorenko nació en el
año 1889 en Odessa, Rusia.
Esta poeta que comenzó jovencísima, tan sólo con 11 años,
tomó el apellido de su abuela materna "Ajmátova" como pseudónimo.
Estudió latín, historia y literatura en Kiev y en San Petersburgo. Allí se
casó con Nikolái Gumilióv en 1910, poeta famoso, promotor del acmeísmo. En
esta línea Anna publica en 1912 su primer libro de poemas titulado "La
tarde".
La revolución rusa de 1917 afecta de forma importante a Ajmátova, ya
que en 1921 su primer marido Nikolai Gumilióv, fue acusado de conspiración y
fusilado. Más tarde, su hijo será también arrestado y deportado a Siberia. Y
su último marido, Punin, moriría de agotamiento en un campo de concentración
en 1938. Los poemas de Anna se prohibieron, fue acusada de traición y
deportada.
Su libro más importante es Réquiem, ahí explica que en
aquella Unión Soviética los únicos que estaban en paz eran los difuntos y
que los vivos pasaban su vida yendo de un campo de concentración a otro. El
libro fue publicado sin su consentimiento y conocimiento en 1963 en Múnich.
En 1962, Ajmatova estuvo nominada al Premio Nobel de Literatura, pero no le
fues otorgado.
En 1964 viaja a Taormina (Italia), donde recibe el Premio Internacional de
Poesía y en 1965 es nombrada doctora honoris causa por la Universidad de
Oxford. Viaja a Gran Bretaña con escala en París y se publica en Moscú "El
correr del tiempo" (1909-1965), un balance incompleto (y censurado) de su
obra.
El 5 de marzo 1966 Anna muere de un infarto en un sanatorio de las afueras
de Moscú y es enterrada en Komarovo. Su obra, traducida a un sinnúmero de
lenguas, sólo aparecerá íntegra en Rusia en 1990.

La sentencia
Y cayó la palabra de piedra
sobre mi pecho, aún con vida.
No es nada, siempre supe que así sería,
sabré enfrentarlo de la mejor manera.
Son muchas las cosas que aún debo hacer:
acabar de matar la memoria,
procurar que mi alma se vuelva de piedra,
y aprender de nuevo a vivir.
Y si no... El cálido susurro del verano
semeja una fiesta en mi ventana abierta.
Hace tiempo ya lo había presentido:
este día radiante y esta casa vacía.
Verano de 1939
