Agustini, Delmira

 06 de junio de 2008

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Poeta uruguaya, nacida en 1886. De inteligencia precoz, autodidacta - a los cinco años sabía leer y escribir correctamente, a los diez componía versos.


Su poesía es considerada como una de las más alta sensualidad y sexualidad de la literatura de habla hispana de su época.


En 1914 murió asesinada por su ex marido a la edad de 28 años.

Obra: “El libro blanco” (Frágil) (1907), “Cantos de la mañana” (1910), “Los cálices vacíos” (1913) y otros poemas que se recogieron en sus Obras completas, editadas en 1924 en dos tomos “El rosario de Eros” y “Los rastros del abismo”.
 

Alma desnuda - Buscando musa

 

 

Buscando musa

 

Yo la quiero cambiante, misteriosa y compleja,
con dos ojos de abismo que se vuelvan fanales;
en su boca, una fruta perfumada y bermeja
que destile más miel que los rubios panales.

A veces nos asalte un aguijón de abeja:
Una raptos feroces a gestos imperiales
y sorprenda en tu risa el dolor de una queja;
¡en sus manos asombren caricias y puñales!.

Y que vibre, y desmaye, y llore, y ruja, y cante,
y sea águila, tigre, paloma en un instante,
que el universo quepa en sus ansias divinas.
 

del Poemario "El Libro Blanco (Frágil)", 1907

 

Alma desnuda

Soy un alma desnuda en estos versos,
alma desnuda que angustiada y sola
va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
que puede ser un lirio, una violeta,
un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
y ruge cuando está sobre los mares
y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares
dioses que no se bajan a cegarla;
alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
con sólo un corazón que se partiera
para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
dice al invierno que demora: vuelve,
caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
en tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
a campo abierto, sin fijar distancia,
y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia,
de un suspiro, de un verso en que se ruega,
sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
y negando lo bueno el bien propicia
porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia
palpar las almas, despreciar la huella,
y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
como los vientos vaga, corre y gira;
alma que sangra y sin cesar delira
por ser el buque en marcha de la estrella.


 

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