Aguirre, Mirta

 06 de junio de 2008

Ciudad de MujeresPrincipal
Abelló, Montserrat
Aburto Uribe, Teresa
Acosta, Aida
Acquaroni Muñoz, Rosana
Acuña, Rosario de
Adler, Irene
Agosin, Marjorie
Aguilar Amat, Anna
Aguirre, Mirta
Agustini, Delmira
Ainchil, Claudia
Ajmátova, Anna
Alamar, Isabel
Alba Uribe, Flor
Alberola, Dolors
Albert, Nora
Aldunate, María José
Alegría, Claribel
Al-Mustakfi
Álvarez, Antonia
Álvarez, Griselda
Andradi, Esther
Andruetto, Mª Teresa
Arderiu, Clementina
Arenas, Sonia Luisa
Aroca, Pilar
Arróspide, Amparo
Asís, Victoria
Atencia, Mª Victoria
Ausländer, Rose
 

A - B - C - D - EF - G - H - I   - J -  K - L  - M - N - O

P - Q - R - S - T - U - V - W - X  -  Y - Z

 

 

 

Mirta Aguirre nace en La Habana en 1912. A la edad de 20 años, ingresa en el primer partido marxista-leninista de Cuba, siendo la primera intelectual cubana que milita en las filas de dicha organización. Se doctora en 1937 en Derecho Civil por la Universidad de La Habana. Entre 1942 y 1953, publica más de dos mil artículos en el rotativo “Hoy” sobre cine, teatro y música.

 

Formó parte del Frente nacional antifascista y de la Sociedad de amigos de la URSS.


Colaboró en “Mensajes”, “Mediodía”, “Cuba”, “Socialista”, “Casa de las Américas”, “La palabra” y otras publicaciones. Fue subdirectora del semanario “La Ultima Hora”(1951-1954). En 1945 recibió el Premio Justo de Lara y en 1947 con su ensayo “Influencia de la mujer en Iberoamérica” (1947), el primer premio en los Juegos Florales Iberoamericanos.

 

Yo me acostumbro, amor,
yo me acostumbro.
Yo me acostumbro a estar sin ti.
¿Lo entiendes?
Quiere decir, amor, que no amanece;
quiere decir que aprendo a abrir
los ojos sin tu beso.
Quiere decir que olvido, amor,
que yo te olvido.

Como un morirse lento, implacable, a pedazos,
yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Y acostumbrarse es una cosa oscura,
es una cosa eterna, sin caminos,
como un caer, caer en el vacío.

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.

Y un día y otro pasan.
Y un día triste no es día sino un cortejo inmenso.
Y dos días de tristeza ya no pueden decirse.
Y acostumbrarse es una palabra irremediable
que ojalá nunca sepas.

Una criatura tiene su tamaño,
tiene su borde estrecho, su medida.
Y ha de haber para todos la pequeña alegría,
esa mínima dicha que es un derecho humano.
Ser feliz, amor mío, es como el aire, el agua,
algo para la vida.

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.

Lejos, tu mano corta el pan para otra boca.
Lejos, suenan tus pasos y como yo sé que suenan.
Lejos, amor, muy lejos.
Y allí, donde mi angustia está sin ecos,
tú sonríes, tú eres,
y no sabes, amor, con cuánta sangre,
con qué amarga paciencia,
con cuánta fuerza para ahogar, yo olvido,
yo deshago mi sueño
y me acostumbro, amor, y me acostumbro.
 

 

 

 

Ciudad de Mujeres
 

Copyright © Poemario de Mujeres - Ciudad de Mujeres - Este sitio se actualizó por última vez el 06 de junio de 2008

  info@poemariodemujeres.com       Apartado de Correos 977 - 02080 Albacete