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Rosario de
Acuña (Madrid, 1851 - Gijón, 1923)
En 1876 alcanzó notoriedad con el estreno de su obra de teatro “Rienzi el
Tribuno”, a causa de su tesis anticlerical. Mujer avanzada en su época, es
la primera que interviene, leyendo sus poesías, en el Ateneo de Madrid, en
1884 y que rompe las normas de su entorno social con su ingreso en la
Masonería. Defiende el derecho de las mujeres a la educación en pie de
igualdad con los hombres.
Como poeta cultivó el soneto y publicó varios volúmenes de poesía “Ecos del
alma” (1876), “Morirse a tiempo” (1879) y “Sentir y Pensar” (1884).
Las cumbres -
Ecos del alma

Ecos del alma
Raro capricho la mente sueña,
será inmodesta, vana aprensión.
Tal palabra
no me cuadra;
su sonido
a mi oído
no murmura
con dulzura
de canción;
no le presta
la armonía
melodía
y hace daño
al corazón.
Tiemblo escucharla; ¿será manía?
Oigo un murmullo cerca de mí:
no me cuadra
tal palabra,
que el murmullo
que al arrullo
de la sátira
nació,
me lastima
con su giro
y un suspiro
me arrancó.
Si han de ponerme nombre tan feo,
todos mis versos he de romper;
no me cuadra
tal palabra,
no la quiero;
yo prefiero
que a mi acento
lleve el viento,
y cual sombra
que se aleja
y no deja
ni señal,
a mi canto,
que mi llanto
arrebate
el vendaval.

Las cumbres
Se sube y quedan valles y cañadas
En rincón apacible y escondido;
Se deja, abajo, la quietud del nido,
Se busca, arriba, abismos y emboscadas;
Al fin de penosísimas jornadas
Se llega, si el cansancio no ha vencido,
A ventisquero por el sol bruñido;
A rocas por el rayo quebrantadas.
También las almas de pasión henchidas,
Ascienden, en jornadas, a las cumbres
Del oro, del saber o de la gloria;
Muchas por el cansancio son vencidas;
Las que llegan ¡qué horribles pesadumbres
Tienen que compartir con la victoria!
