Acuña, Rosario de

 06 de junio de 2008

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Rosario de Acuña (Madrid, 1851 - Gijón, 1923)


En 1876 alcanzó notoriedad con el estreno de su obra de teatro “Rienzi el Tribuno”, a causa de su tesis anticlerical. Mujer avanzada en su época, es la primera que interviene, leyendo sus poesías, en el Ateneo de Madrid, en 1884 y que rompe las normas de su entorno social con su ingreso en la Masonería. Defiende el derecho de las mujeres a la educación en pie de igualdad con los hombres.


Como poeta cultivó el soneto y publicó varios volúmenes de poesía “Ecos del alma” (1876), “Morirse a tiempo” (1879) y “Sentir y Pensar” (1884).
 

Las cumbres  - Ecos del alma

Ecos del alma

 

 Raro capricho la mente sueña,
será inmodesta, vana aprensión.
Tal palabra
no me cuadra;
su sonido
a mi oído
no murmura
con dulzura
de canción;
no le presta
la armonía
melodía
y hace daño
al corazón.

Tiemblo escucharla; ¿será manía? 
Oigo un murmullo cerca de mí:
no me cuadra
tal palabra,
que el murmullo
que al arrullo
de la sátira
nació,
me lastima
con su giro
y un suspiro
me arrancó.


Si han de ponerme nombre tan feo,
todos mis versos he de romper;
no me cuadra
tal palabra,
no la quiero;
yo prefiero
que a mi acento
lleve el viento,
y cual sombra
que se aleja
y no deja
ni señal,
a mi canto,
que mi llanto
arrebate
el vendaval.

Las cumbres

Se sube y quedan valles y cañadas
En rincón apacible y escondido;
Se deja, abajo, la quietud del nido,
Se busca, arriba, abismos y emboscadas;

Al fin de penosísimas jornadas
Se llega, si el cansancio no ha vencido,
A ventisquero por el sol bruñido;
A rocas por el rayo quebrantadas.

También las almas de pasión henchidas,
Ascienden, en jornadas, a las cumbres
Del oro, del saber o de la gloria;

Muchas por el cansancio son vencidas;
Las que llegan ¡qué horribles pesadumbres
Tienen que compartir con la victoria!

 

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