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Gracias Aída por tu colaboración
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En la ciudad de las cigüeñas nació Aída Acosta Alfonso y
emprendió el vuelo a tierras salmantinas, a la textura de granito y a los
altos árboles…
Desde su incursión en el mundo literario sus versos están repartidos en:
"Antología de Poesía", "La luminosa voz de la poesía" (Salamanca, 2004);
"Antología Paisajes del Infierno" Colección Gárgola de Poesía (Salamanca,
2001). Revista "Álamo"; Revista Literaria “Atril”; Revista Literaria
“Papeles del Martes”; Revista “Papeles del Novelty”; todas ellas de
Salamanca. Revista Plátano Verde de Venezuela; y colaboraciones en el Libro
de Carnaval de Ciudad Rodrigo.
Integrante en la Antología Multimedia
Las Afinidades Electivas
Participó en el I Festival de las Artes de Castilla y León. Y fue
coordinadora del proyecto “Poetas al tren” (2004).
Entre pinceles, una exposición en la Casa de Cultura de Ciudad Rodrigo que
sumó pintura y poesía.
Suele caminar, y tropezar de vez en cuando, discute con la soledad y
colecciona mariposas de luz. Y le gusta mucho, cenar un verso muy largo…
Blog personal:
http://aidaacostaalfonso.blogspot.com/
I - II

I
Más que pájaros, mujer, más que pájaros
profundiza en el viento
siémbralo, fertilízalo,
que a este mundo, mujer, le crezcan alas
que atravesemos las nubes
que perdamos el miedo
que provoquemos lluvia de pétalos
para confundir a los charcos.
Sueña besos, mujer, suéñalos
alas de tus labios, aprendices del amor.
Tu vientre, mujer, lleno de plumas blancas.
Más que pájaros, el vuelo del pensamiento
el canto de cada ser,
más que pájaros, mujer, tus hijos
alas de la tierra que soñaste.
Y cuando tu cuerpo esté seco
desnudo de aquellas semillas,
suéñate árbol, nido donde descanse
el vuelo del mundo,
eterna escultura, mujer, de la libertad.
Poema inédito

II
“Amar a un ser es decir:
-Tú no morirás-“
Gabriel Marcel
El viento y la puerta
guardan celosamente sus palabras,
tienen encogido el rumor y se golpean.
Sólo la mano abierta
entiende la lluvia de arena,
alcanza el dolor.
Y esta presencia
es una sombra,
la mariposa negra que duerme
entre los cabellos de la mujer triste.
Y esto no es una interrupción,
es la mujer que llega
la que ama
la que juega con sus dedos el miedo.
Es la mujer ausente
de otoños incomprendidos
la que nace como un temblor
la mujer que sueña otra mujer
la mujer sin hijo
la mujer sin madre
la mujer que siempre fue mujer
y después también.
Es la mujer que conoce el camino
de su suicidio
de su querer sin nombre
la mujer que guarda en su regazo
el tacto milenario,
la mujer madre.
Es la mujer a la que se le rompe el padre
y le crecen en las manos espejos.
la mujer que abre sus ventanas
la mujer que ama y ama
la mujer que se llora a sí misma
la que se agota en silencio
la mujer que amo
la mujer que encendió la habitación donde soy
la mujer que quiero
la mujer que lloro,
la que nunca morirá.
Y es la mano, la mano abierta
la mujer que sueña luz
y me refleja.
Poema Publicado en Revista Papeles del Martes Nº36
